Obviedades sobre la vivienda

Un viejo amigo, de retranca florida y mala leche contenida, tenía la costumbre de ridiculizar las obviedades solemnizadas. Lo hacía lanzando, con gesto fabricadamente serio, otra solemne y sardónica obviedad, inspirada en Woody Allen: “Desengáñate, Nueva York es una gran ciudad”.

En España, Moncloa trata de convencernos -innecesariamente, porque ya estamos convencidos- de que el mal es malo y el bien es bueno, y que, como consecuencia, hay que hacer una norma para que no haya más desahucios “en lo que queda de legislatura”. Es decir, en lo queda de campaña electoral, después de que se hayan producido 270.000 desahucios desde 2018, a un ritmo de unos 90 diarios. En 2018 Pedro Sánchez ganó la moción de censura contra Rajoy y llegó a la Moncloa. Nunca es tarde si el objetivo es bueno.

El desahucio de Maricarmen y la movilización conseguida por el autodenominado Sindicato de Inquilinas han conseguido algo sensacional: que el gobierno de un país democrático de Occidente emita dos decretos en apenas seis días para cambiar el mercado de la vivienda y, después de que los tumbara el pleno del Congreso, que Sánchez haya disuelto las cámaras y convocado elecciones, además de aprobar otros dos decretos similares que llevará a la Diputación Permanente, trampeando la normativa vigente.

Los ceutíes no saben hacer las cosas, por lo que parece, porque las acampadas que han sufrido en sus playas y la desastrosa situación de su ciudad derivada de un “ataque, de una violación de nuestra integridad territorial” (en palabras del presidente del Gobierno) no haya provocado que se lleve al Congreso la modificación de una sola coma en las leyes que afectan a la defensa de nuestras fronteras, ni a las que establecen las condiciones bajo las cuales los ciudadanos extranjeros pueden entrar en nuestro país, ni las circunstancias en las que aquellos que comenten el delito de entrar ilegalmente en España puedan ser devueltos a su lugar de origen. Para esto no hay prisa, pasen semanas o meses.

Los ceutíes no han tenido la habilidad de crear un “sindicato de ceutíes”, como el de inquilinas. Igual que los extremeños o los murcianos no han tenido la genial idea de crear partidos nacionalistas o independentistas, para conseguir un par de escaños en el Congreso que convierta a sus formaciones políticas en determinantes para condicionar al gobierno de turno, como sí lo hacen PNV, Bildu, Esquerra o Junts.

A Ceuta no se le da solución. Pero desengáñense, Nueva York es una gran ciudad. Una obviedad. Y el problema de la vivienda no lo solucionan dos decretos mal redactados a la carrera, ni unas elecciones adelantadas. Otra obviedad. El Banco de España lo deja claro: hay que construir 700.000 viviendas. La última obviedad.