Netanyahu gana en Israel, pero no consigue la mayoría para formar Gobierno

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, se impone en las elecciones legislativas celebradas este martes, aunque sin conseguir la mayoría absoluta necesaria para formar Gobierno. Con el 85,6% de los votos escrutados, el Likud se mantiene como primera fuerza política con 26 escaños, mientras que el bloque conservador encabezado por Netanyahu suma 53 diputados, frente a los 48 de la oposición liderada por el antiguo jefe del Ejército, Gadi Eisenkot.

Ninguno de los dos grandes bloques alcanza los 61 escaños que marcan la mayoría absoluta en la Knéset, el Parlamento israelí, de 120 diputados. La gran sorpresa de las elecciones la protagonizan los partidos árabes, que han duplicado prácticamente su representación hasta alcanzar los 19 escaños, frente a los diez de 2022, gracias a una movilización histórica de sus votantes. Estas formaciones podrían convertirse así en decisivas para la formación del próximo Ejecutivo.

El reparto provisional deja 12 diputados para la izquierdista Lista Conjunta y siete para la formación islamista Raam. Por su parte, el bloque de Netanyahu se completa con los siete escaños de Judaísmo Unido de la Torá, otros siete de Shas, siete de Poder Judío y seis de Sionismo Religioso, estos dos últimos encabezados por los ministros ultranacionalistas Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich, respectivamente. En el bloque opositor, Yashar!, el partido de Eisenkot, obtiene 21 representantes, mientras que Beyajad, la formación de los ex primeros ministros Naftali Bénet y Yair Lapid, suma 12; Los Demócratas, ocho; e Israel Beitenu, siete.

Pese a que las encuestas previas a los comicios daban una ventaja a Eisenkot, el escrutinio ha situado a Netanyahu al frente del partido más votado. El primer ministro ha reivindicado una “mayoría decisiva” entre los votantes sionistas y ha reclamado la formación de un Gobierno “nacional de derechas”, aunque las cifras todavía no le garantizan los apoyos parlamentarios necesarios.

El auge del voto árabe abre la puerta a una alternativa a Netanyahu

La gran incógnita que dejan las elecciones es si la oposición será capaz de alcanzar acuerdos con las formaciones árabes, que han logrado un resultado histórico tras una participación sin precedentes recientes en sus comunidades. Los 48 diputados del bloque de Eisenkot y los 19 de los partidos árabes sumarían 67 escaños, seis por encima de la mayoría absoluta, aunque su colaboración no está garantizada por las diferencias políticas existentes entre las formaciones.

El líder de la Lista Conjunta, Yusef Yabarín, ha abierto este miércoles la puerta a una colaboración con los partidos judíos para conformar una alternativa al Gobierno de Netanyahu. “Cualquiera que quiera ofrecer una alternativa sustancial y genuina al Gobierno de Netanyahu, marcado por el derramamiento de sangre, tendrá que hablar con nosotros para allanar el camino hacia el cambio que el pueblo israelí anhela”, ha afirmado en declaraciones al Canal 13.

Yabarín ha defendido la necesidad de establecer una alianza entre judíos y árabes que permita poner fin al Ejecutivo actual. “O bien se mantiene el racismo, la exclusión y la supremacía, o bien se establece una auténtica colaboración entre judíos y árabes”, ha añadido.

Sin embargo, la posibilidad de una coalición de estas características todavía encuentra resistencias en buena parte de la oposición israelí. Hasta ahora, el líder de Los Demócratas, Yair Golán, es quien ha defendido públicamente la necesidad de alcanzar un acuerdo con los partidos árabes para desbancar a Netanyahu, mientras que Eisenkot no ha concretado si estaría dispuesto a contar con ellos.

El líder de Raam, Mansur Abás, ha asegurado que representantes de ambos grandes bloques políticos contactaron con él después de conocerse los primeros sondeos a pie de urna. Su formación se ha mostrado abierta a negociar con distintas fuerzas políticas para participar en los procesos de toma de decisiones, a diferencia de la Lista Conjunta, más centrada en facilitar una alternativa a Netanyahu.

Una movilización histórica entre los votantes árabes

El crecimiento de los partidos árabes se explica en buena medida por el fuerte aumento de la participación entre los palestinos con ciudadanía israelí, que representan aproximadamente el 21% de la población del país y el 17% del electorado.

Según los cálculos de la Agencia Efe a partir de los datos de la Comisión Electoral Central, la participación en las comunidades árabes ha crecido de media alrededor de un 30% respecto a las anteriores elecciones. El incremento ha sido especialmente significativo entre las comunidades beduinas del desierto del Néguev, donde una veintena de localidades representativas registraron una participación cercana al 80%, frente al 46% de 2022.

También en el norte de Israel, donde se concentran numerosas comunidades palestinas cristianas, la movilización ha aumentado considerablemente. En nueve ciudades representativas, entre ellas Nazaret y Um al Fahm, la participación superó el 77%, frente al 54% registrado cuatro años atrás.

Más allá de las reivindicaciones identitarias, los partidos árabes han centrado parte de sus demandas en problemas cotidianos de sus comunidades, como la delincuencia, el acceso a la vivienda, las infraestructuras, la educación y el empleo. El incremento de su representación les otorga ahora una mayor capacidad de negociación en un Parlamento fragmentado.

El Likud acusa a los partidos árabes de “robar las elecciones”

En medio de este escenario, el Likud ha acusado este miércoles a los partidos árabes de haber “robado las elecciones” y ha exigido a la Policía israelí y al Shin Bet, el servicio de inteligencia interior, que investiguen supuestas irregularidades en los colegios electorales de las comunidades árabes.

“Las elecciones en el Estado de Israel han sido robadas por partidos árabes que apoyan el terrorismo y la destrucción del Estado judío”, ha denunciado el partido de Netanyahu en un comunicado, en el que atribuye el incremento de la movilización electoral a presuntos delitos de corrupción, amenazas, violencia, falsificación y uso de programas informáticos prohibidos para captar votantes. De ese mismo comunicado se ha hecho eco el propio Netanyahu en sus redes sociales.

La formación asegura haber presentado “cientos de testimonios y pruebas” ante los servicios de seguridad y la Comisión Electoral Central. Entre las irregularidades que denuncia figuran supuestos sobres con dinero en efectivo junto a papeletas de Raam, votaciones bajo identidades falsas y discrepancias entre el número de sobres y el de electores.

Estas acusaciones proceden del Likud y no constituyen, por sí mismas, pruebas de un fraude electoral generalizado. Su denuncia llega cuando el crecimiento de las formaciones árabes puede resultar determinante para impedir que Netanyahu reúna una nueva mayoría parlamentaria.

Opciones para formar Gobierno y evitar otras elecciones

El presidente israelí, Isaac Herzog, ha pedido a las formaciones políticas que afronten las negociaciones con “la mente abierta” y hagan todo lo posible para evitar una nueva convocatoria electoral ante la ausencia de mayorías claras.

Una de las posibilidades sería un acuerdo entre la oposición encabezada por Eisenkot y los partidos árabes, aunque las diferencias ideológicas y el rechazo de varios dirigentes a establecer estas alianzas dificultan ese escenario. La cooperación podría traducirse tanto en una coalición de Gobierno como en un apoyo parlamentario externo.

Otra alternativa sería un Ejecutivo de unidad entre el Likud y parte de los partidos opositores, una fórmula que permitiría a Netanyahu continuar en el cargo. Según el analista Michael Hauser Tov, del diario Haaretz, el primer ministro podría afrontar presiones políticas e internacionales para intentar incorporar a algunas de estas formaciones.

Sin embargo, Eisenkot ha basado su campaña en la necesidad de poner fin al Gobierno de Netanyahu, del que formó parte durante los primeros meses de la ofensiva israelí en Gaza antes de abandonar el gabinete de guerra. Otros líderes opositores recuerdan también la experiencia de Benny Gantz, que pactó con Netanyahu en 2020 antes de que aquella coalición terminara rompiéndose.

“Las llaves están en manos de Netanyahu”, sostiene el comentarista Amit Segal en el portal Mako, que plantea el dilema al que se enfrentan dirigentes como Avigdor Líberman, Naftali Bénet y Eisenkot: negociar con el primer ministro, apoyarse en los partidos árabes o afrontar una posible repetición electoral.

El reparto definitivo de escaños sigue pendiente de que se complete el escrutinio, por lo que la distribución parlamentaria todavía puede variar.

Trump se apunta el tanto por la “remontada” de Netanyahu

Mientras tanto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha atribuido este miércoles el cambio de tendencia electoral en Israel, asegurando que su respaldo público a Netanyahu contribuyó a evitar una derrota del primer ministro.

“Cuando el presidente Trump respaldó a ‘Bibi’ Netanyahu, la situación cambió por completo”, ha compartido el mandatario en sus redes sociales, reproduciendo un mensaje firmado con el nombre de Irving C. Schwartz, sin aclarar de quién se trata.

Según el texto difundido por Trump, lo que inicialmente podía haber sido “una derrota contundente” para Netanyahu se ha transformado en “un gran empate tras una remontada, o incluso una victoria”. El presidente estadounidense ha atribuido ese supuesto giro a su apoyo al líder israelí, aunque el resultado parlamentario sigue sin garantizarle una mayoría para formar Gobierno.