La guerra entre Rusia y Ucrania continúa recrudeciéndose tras una semana de sangrientos ataques por parte de Moscú. Durante la madrugada del sábado, Kiev ha atacado una terminal petrolera en la sureña región de Rostov pese al acuerdo de suministro de diésel alcanzado la víspera entre los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y Rusia, Vladimir Putin, según han informado las autoridades y medios independientes. A ello hay que sumar un nuevo bombardeo ruso sobre la ciudad ucraniana de Zaporiyia, que ha dejado al menos 20 muertos, y que el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, vincula con el “levantamiento de las sanciones a las exportaciones de diésel” ruso.
Según el canal de Telegram independiente ruso Astra, en Rostov en el Don, la capital regional, se desató un incendio en la terminal petrolera Yug Rusí, encargada del almacenamiento y bombeo de combustible de la refinería Neftezhájinsk, instalación que ya había sido alcanzada por drones ucranianos el pasado 9 de julio.
Durante el ataque nocturno, en el que fueron derribados más de cien drones, también “resultó dañado un puente ferroviario”, según informó el gobernador local, Yuri Slúsar, en la red de mensajería rusa MAX.
“Se detuvo el tránsito de trenes en ambas direcciones. Se verifica la información sobre posibles víctimas. Los servicios de emergencias trabajan en el lugar de los hechos“, ha indicado.
Posteriormente ha señalado que durante el ataque fueron heridas seis personas y dañados varios edificios y casas particulares. También se ha desatado un incendio en un edificio en construcción en la localidad de Batáisk.
Además, en el mar de Azov han sido atacados dos buques, sin que se reportasen víctimas.
Al menos 20 muertos en Zaporiyia
Mientras tanto, en Ucrania, al menos 20 personas han muerto, incluidos tres menores, y otras 32 han resultado heridas durante la madrugada de este sábado en un ataque ruso con bombas sobre la ciudad de Zaporiyia, en el que se ha visto afectado un edificio residencial de cinco pisos, según han informado las autoridades regionales.
“20 muertos en el ataque enemigo de esta mañana. Aumenta la cifra. Otras 32 personas han resultado heridas y están recibiendo atención médica”, ha explicado el presidente del Consejo de Defensa de la región de Zaporiyia, Ivan Fedorov, en un mensaje publicado en redes sociales.
Entre los fallecidos habría “tres niños”, según recoge el Servicio Estatal de Emergencias ucraniano en un mensaje publicado en redes sociales. “Los equipos de emergencia han rescatado a tres personas. Psicólogos del Servicio Estatal de Emergencias brindaron asistencia a 35 ciudadanos. Las operaciones de búsqueda y rescate continúan”, ha añadido.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, ha vinculado directamente este ataque con el “levantamiento de las sanciones a las exportaciones de diésel“. “Hoy Rusia ha expresado su gratitud por el levantamiento de las sanciones a las exportaciones de diésel lanzando cinco bombas planeadoras sobre edificios de viviendas de Zaporiyia”, ha ironizado. El ataque ha causado daños en edificios residenciales, infraestructuras e instalaciones ferroviarias, ha explicado Zelenski en redes sociales.
“Lo de anoche confirma una vez más que en Rusia se toman cualquier relajación de la presión como un mensaje de que pueden seguir atacando, de que pueden seguir lanzando bombas sobre las ciudades”, se ha lamentado. Por eso pide “señales diferentes”, para que “Rusia entienda que debe parar la guerra”, que “sienta pérdidas” y ha mencionado en ese sentido los ataques ucranianos de larga distancia sobre objetivos rusos.
El gobernador militar de Zaporiyia, Mijailo Semikim, ha anunciado que este domingo ha sido declarado día de luto por las víctimas del ataque. “El 11 de octubre será un día de luto en Zaporiyia. Esta mañana los rusos se han llevado vidas de personas, incluidos niños”, ha indicado Semikin, que ha expresado sus condolencias a los seres queridos y familiares de los fallecidos.
Este ataque se produce apenas un día después de otra agresión con bombas aéreas guiadas del Ejército ruso, que impactaron también en zonas residenciales de Zaporiyia, matando al menos a una persona e hiriendo a otras siete, entre ellas un niño, según informó la víspera el diario The Kiev Independent citando a funcionarios regionales.
Ataques cruzados tras el acuerdo de diésel
El ataque contra la instalación petrolera rusa y el bombardeo de Moscú sobre Zaporiyia tienen lugar apenas horas después de que Trump y Putin acordaran en una conversación telefónica que Rusia suministrará petróleo y derivados a los mercados estadounidense y mundial, para bajar los precios del diésel en el mercado internacional.
Poco antes, Trump anunció en su red Truth Social que durante “una conversación sumamente exitosa” con Putin se acordó que “Rusia suministrará de inmediato más de 300.000 toneladas de combustible diésel a los mercados estadounidense y mundial; otras 500.000 toneladas durante el mes de noviembre y 1.000.000 de toneladas inmediatamente después”.
Trump añadió que, “además, en función del estado de sus refinerías de diésel, Rusia entregará posteriormente —en un breve plazo— 3.000.000 de toneladas de combustible diésel”.
El anuncio llega en un momento de máxima preocupación en la Casa Blanca y en el Partido Republicano por los datos que marcan las encuestas de cara a las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre y que dan una ventaja de unos siete puntos a los demócratas, especialmente por el malestar ciudadano por el alto precio de la gasolina y las dificultades para afrontar el coste de la vida.
Mientras, la decisión de Putin se produce después de que en los últimos meses Rusia sufriera un grave déficit de combustible, que provocó grandes colas en las gasolineras, debido a los ataques ucranianos contra las refinerías rusas.
Todo ello, en medio de exigencias del jefe de la Casa Blanca al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, de que cese unilateralmente los ataques contra las refinerías rusas, ya que esto afecta a los precios del diésel.
El mandatario ucraniano reaccionó de inmediato al acuerdo entre Moscú y Washington, al calificarlo de “injusto” e “impropio de un aliado”, ya que da la posibilidad a Rusia de exportar diésel en lugar de incrementar las sanciones por la guerra en Ucrania.

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