Sobrevivir a la tragedia: cómo afrontar las imágenes del horror y el trauma que llega después

Acompañar, escuchar, respetar los silencios y ayudar a recuperar la sensación de seguridad. Esa es la labor de los psicólogos de emergencias que atienden a las víctimas de la tragedia ferroviaria de Toledo, que tendrán que aprender a convivir con imágenes que nunca hubieran querido ver y que, con ayuda, pueden dejar de perturbar sus vidas.

“Hoy he visto cosas que no debería ver nadie nunca”. Las palabras de una testigo reflejan el horror de quienes han presenciado un accidente cuyas imágenes pueden repetirse una y otra vez en su cabeza. Unas imágenes que, según Miriam González Pablo, psicóloga de emergencias del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, “van a estar”. “Esto es como si nos hacemos un corte: al principio va a sangrar mucho, luego se irá cerrando y al final veremos una cicatriz“.

Los supervivientes pueden llegar a convivir con esos recuerdos sin que perturben su vida, pero en las primeras horas suelen aparecer acompañados de preguntas sobre qué ha sucedido, por qué y cómo han logrado sobrevivir. Lo primero es proporcionarles un entorno seguro que les permita reducir el estado de alerta y comenzar a trabajar con sus pensamientos y emociones para evitar que el estrés agudo se cronifique. Las reacciones pueden ser muy diferentes: algunas personas experimentan una intensa activación emocional, con llanto o sentimientos de culpa, mientras otras permanecen inmóviles, sin hablar y con la mirada perdida.

También puede aparecer la denominada culpa del superviviente, que lleva a algunas víctimas a preguntarse por qué ellas han salido con vida cuando otras personas han fallecido, pero es que, como apunta, “hay muchas preguntas que no se pueden responder”.

Hablar, pero sin obligar a nadie

Los especialistas coinciden en la importancia de que los afectados puedan expresar lo vivido, aunque advierten de que no se debe forzar a nadie a relatar escenas para las que todavía no se siente preparado. “No es lo mismo procesarlo en bucle hacia dentro que poder expresarlo y poder darle un hilo argumental diferente”, explica González, que destaca la labor de los psicólogos de emergencias para ayudar a elaborar esos recuerdos.

Lourdes Fernández, también psicóloga de emergencias, insiste en que el desahogo emocional es importante, pero siempre respetando las necesidades de cada persona: “Jamás obligaremos a hablar a nadie que no quiera. Algunas víctimas necesitan permanecer en silencio y que ese silencio también debe estar acompañado”. Lo primero que hacen los especialistas ahora, según señala esta experta, es escuchar, valorar las necesidades de los afectados, facilitarles información sobre lo sucedido y ayudarles a contactar con sus familiares y personas de confianza. A los allegados les aconseja estar disponibles sin presionar a los supervivientes para que cuenten lo ocurrido: “Cuéntanos lo que quieras cuando tú quieras, tómate tus tiempos, pero que sepas que no estás solo”.

El impacto puede llegar al regresar a casa. Algunas personas que han mantenido la calma durante el accidente, incluso ayudando a otros heridos y haber visto imágenes horribles de personas amputadas, pueden experimentar el verdadero impacto emocional cuando regresan a casa y dejan atrás el estado de supervivencia, advierten.

Pesadillas, alerta, concentración…

En los días posteriores pueden aparecer pesadillas, insomnio, estados de alerta y problemas de atención y concentración, por lo que la especialista recomienda evitar inicialmente trabajos de gran responsabilidad y darse un tiempo de recuperación. También es importante recuperar progresivamente las rutinas, aunque eso no significa reincorporarse inmediatamente a todas las actividades habituales. Las rutinas le van a dar seguridad, le van a dar sensación de control y eso es fundamental, y llegará el momento de volver a viajar en tren y muchos con miedo. Ambas especialistas aconsejan afrontarlo de manera gradual, adaptándose a las circunstancias de cada persona y con ayuda profesional cuando sea necesaria. Acompañar, sostener y prevenir las secuelas

Pero de lo que se trata en estos primeros momentos, es que los psicólogos de emergencias evalúen las necesidades y el estado emocional de cada afectado, porque no todos reaccionan de la misma manera ni necesitan la misma atención. Algunas personas manifiestan su sufrimiento físicamente, otras a través de sus pensamientos y otras mediante sus emociones, por lo que la intervención debe adaptarse a cada una de ellas. De lo que se trata, en definitiva, es de “acompañar, sostener y dar esos primeros auxilios psicológicos”, como resume González Pablo, para prevenir secuelas que puedan impedir a los supervivientes continuar con su vida.