¿Por qué el presidente del Gobierno convoca elecciones ahora? Hemos pasado un verano, casi dos meses, hablando de Ceuta y de corrupción. Son dos asuntos que al Gobierno le vienen realmente mal, que estaban provocando desgaste y una caída en la intención de voto con efectos sobre el reparto de escaños. Sin embargo, ahora ha conseguido que la conversación política gire en torno a otro asunto: la vivienda.
Lo llaman una ventana de oportunidad porque creen que este tema puede proporcionarles un respiro electoral. Todo comenzó con el desahucio de Mari Carmen. Una semana después se aprobaron los decretos de vivienda y posteriormente el Congreso los tumbó. La conversación pública ha cambiado y el presidente considera que es posible mantener el debate centrado en la vivienda y en las políticas sociales hasta finales de noviembre, cuando se celebren las elecciones.
Otro elemento importante es que la izquierda situada a la izquierda del PSOE no está preparada. Sumar, Izquierda Unida, Compromís, Más Madrid, Chunta y también el BNG estaban negociando la posibilidad de concurrir conjuntamente en un frente amplio. Podemos quedaría fuera y el resto podría concurrir unido. El PSOE ha pulsado el botón electoral antes de que ese espacio político haya completado su reorganización.
La izquierda situada a la izquierda del PSOE no está preparada
Aunque ya se ha anunciado una fecha, el 17 de octubre, resulta complicado que esas fuerzas estén realmente listas para afrontar con garantías una campaña electoral. Su candidata más reconocible, Yolanda Díaz, ya se apartó de la carrera. Ahora deben buscar otros rostros que puedan asumir el liderazgo, pero ninguno cuenta con un respaldo unánime ni con niveles de conocimiento especialmente elevados.
Existe además otro factor relacionado con lo que habría ocurrido en las próximas semanas si no se hubieran convocado elecciones. La agenda judicial seguía avanzando y, según distintos análisis, podían producirse novedades relevantes. La tradición política sostiene que durante un periodo electoral determinados procedimientos quedan ralentizados, por lo que algunas decisiones podrían retrasarse.
También es probable que durante la campaña disminuya el impacto de las novedades judiciales en la agenda política. De este modo, el Gobierno afronta las elecciones con una izquierda fragmentada a su izquierda y con un debate público que ya no gira sobre Ceuta o la corrupción, sino sobre la vivienda y los derechos sociales.
¿Qué va a pasar ahora?
Todo apunta a una campaña permanente entre Gobierno y oposición. El presidente intentará movilizar el voto en torno a la idea de una emergencia democrática y presentarse como la alternativa frente a una amenaza política que, según su discurso, pondría en riesgo determinados derechos y avances sociales.
Todo apunta a una campaña permanente entre Gobierno y oposición
Queda por ver si esa estrategia vuelve a funcionar. El llamado voto del miedo ya resultó eficaz para el PSOE en las elecciones de 2023, pero no está claro que vuelva a tener el mismo efecto. Lo veremos durante la campaña.
Además, es previsible que el Gobierno apruebe nuevos decretos relacionados con la vivienda y quizá otras iniciativas de carácter social. No cabe descartar medidas vinculadas a la sanidad, el ingreso mínimo vital o el salario mínimo interprofesional. Todo ello se produciría con el Congreso disuelto y con la Diputación Permanente como único órgano parlamentario en funcionamiento.
En ese escenario, el Gobierno podría apoyarse en la mayoría existente en la Diputación Permanente para sacar adelante medidas que presentar como parte de su propuesta electoral frente al programa del PP. Es previsible una campaña de fuerte confrontación política y de advertencias sobre el riesgo de avance de la ultraderecha.
Los mensajes estarán muy polarizados. Se hablará de líderes internacionales como Le Pen o Trump y también de Santiago Abascal. El foco se situará menos sobre la imagen moderada de Alberto Núñez Feijóo y más sobre la posibilidad de un Gobierno apoyado por Vox.
La oposición seguirá una estrategia similar de movilización
La oposición seguirá una estrategia similar de movilización. El PP ya ha dejado entrever algunos de los mensajes que centrarán su campaña: la necesidad de un cambio político, el fin de los casos de corrupción y la búsqueda de soluciones a problemas como el acceso a la vivienda. Otra cuestión es si esos mensajes logran calar entre los votantes.
Por su parte, Vox centrará buena parte de su discurso en la inmigración, mientras que Sumar y Podemos pondrán el acento en la vivienda y las políticas sociales. En ese espacio político, Podemos podría verse beneficiado por disponer de una posición más definida y una estructura ya consolidada.
Sumar, en cambio, afronta el reto de construir ese eventual frente amplio en tiempo récord. Si consigue culminarlo con éxito, la disputa por la representación de la izquierda a la izquierda del PSOE seguirá siendo uno de los elementos más relevantes de la campaña.

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