Tsai Ing-wen, líder del Partido Progresista Democrático de Taiwán desde 2008, encabeza el gobierno desde 2016: es la primera mujer en el sillón presidencial del país. En el congreso de WAN-IFRA solicitó encarecidamente a los periodistas que la siguieran de modo crítico, porque cree en la libertad de prensa.
Esas palabras casan con su fama de persona firme de formas suaves, aupada de modo entusiasta por el electorado más joven; de hecho, se redujo el abstencionismo en el país a niveles mínimos entre los menores de 30 años gracias a este apoyo, bautizado como Movimiento Girasol.
Sus seguidores la comparan a menudo con Angela Merkel por sus convicciones y forma de actuar. Ing-wen, de 66 años de edad, tiene una formación académica más que notable: máster en Derecho por la Universidad de Cornell (Nueva York) y doctora en la London School of Economics, especializada en comercio internacional.
La mandataria ha recibido ataques desde Pekín por causas muy diversas, aunque una llama la atención: ser soltera y sin hijos. En lo referente a su postura ante el poder de la China continental, afirma directamente que “Taiwán es un Estado soberano sin necesidad de declarar la independencia”. Solo 13 países en el mundo lo reconocen como tal:Belice, Guatemala, Paraguay, Haití, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Islas Marshall, Nauru, Palaos, Tuvalu, Esuatini y la Ciudad del Vaticano, aunque Estados Unidos apoya su determinación y le ha prometido apoyo directo en caso de conflicto armado.
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