Cosas de niños, asegura el director de la escuela con ese tono perfecto entre la gravedad y la ligereza. El chaval calla, lleva rato con la mirada pegada al suelo. Su madre se remueve inquieta y protesta.
El hombre asegura que hablará con los críos, que tampoco hay pruebas de la acusación, que la escuela está muy comprometida con el bienestar del alumnado, que tienen un protocolo muy estricto contra el bullying, que hay tolerancia cero contra la homofobia, que, que, que… Las palabras rebotan en la baldosa de terrazo.
El chaval cierra los ojos, tratando de huir de ese laberinto de formas marrones y grises. Pero, entonces, un grito se cuela a través de la rendija de la puerta. Y el insulto se transforma en risas y las carcajadas en pasos que se alejan corriendo. El chaval siente un escalofrío y entreabre los ojos. Ahí está: la bola negra atraviesa la baldosa.
El joven regresa a casa de madrugada. La noche es oscura, hace frío y la lluvia se está transformando en diluvio, pero nada enturbia la alegría de un encuentro que empezó en miradas, se dibujó con sonrisas, siguió en susurros, se transformó en caricias y acabó con un beso y una promesa.
En este momento le gustaría habitar una película para ponerse a bailar y cantar por las aceras. En algún sitio ha leído que Gene Kelly protagonizó el famoso baile de Cantando bajo la lluvia a 39 grados de fiebre. Así está él, feliz, enfebrecido. Sin querer, hunde los pies en un charco. ¿Qué más da? No puede dejar de sonreír. En apenas tres minutos llegará a casa. Dobla la esquina, la lluvia arrecia y entorna los ojos. Tarda unos segundos en verlos. Su aspecto les delata, también su corte de pelo, su ropa, sus voces… Piensa en dar la vuelta y correr. No, eso le descubriría. Mejor seguir. Hunde las manos en los bolsillos, que no se vean las uñas pintadas. Baja la mirada, ojalá llevara unos pantalones más discretos, unos zapatos menos llamativos, unos pasos más invisibles… La lluvia arrecia. La acera convertida en arroyo. Arrastrada por la corriente: la bola negra.
Uno de cada cuatro jóvenes LGTBI sufre acoso en su etapa escolar. Más de la mitad del colectivo ha sido acosado, discriminado o agredido el último año. Los delitos e incidencias han registrado la mayor cifra desde 2014, fecha de inicio de la serie histórica. Algunos han visto un exceso de simbología queer en La bola negra, un exceso de cuerpos de hombres desnudos, un exceso de iconos … Y sí, la película de Javier Ambrossi y Javier Calvo (con el dramaturgo Alberto Conejero) es un exceso. Un arrebato de belleza y dolor, de vida y gritos sordos, de amor, memoria y herida. Y nada sobra, porque la bola negra sigue rodando. Todas sus víctimas se han ganado este orgulloso y magnífico desvarío lorquiano.

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