Asexualidad, la orientación invisible: “Puedo sentir deseo sexual, pero no atracción hacia otras personas”

Siendo aún una adolescente, Leticia Rey sentía que no entendía nada cuando sus amigas empezaron a hacer comentarios sobre los chicos de su clase. Simplemente, no podía entender lo que significaba esa atracción sexual que las personas de su entorno empezaban a sentir entre sí.

“Yo estaba perdidísima. Yo no sabía por dónde tirar. Luego pasó el tiempo, me miraban muy raro y empecé a inventar novios en el pueblo, la típica. Y luego en el pueblo me inventaba novios en Toledo“, declara Leticia, que ahora tiene 40 años, es profesora y también activista de uno colectivo especialmente invisibilizado: la comunidad asexual.

Ese concepto, claro, le era completamente desconocido en esa época, aunque ella misma llegó a la conclusión de que debía existir. “No sabía ni que la asexualidad existía como concepto, pero mi cabeza me decía: ‘Si existe homo, si existe hetero, si existe bi, tiene que haber algo de no me gusta nadie y tiene que llamarse algo parecido a asexual'”.

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La asexualidad se define como una orientación sexual en la que la atracción no está dirigida a nadie. Frente a las personas bisexuales, que sienten atracción por cualquier género o las demisexuales, que solo la sienten por personas con las que tienen un vínculo previo, los asexuales no se sienten atraídos en el aspecto sexual generalmente o con muy poca frecuencia por ninguna persona, aunque sí experimentan la sensación de deseo o excitación. Simplemente, no la dirigen hacia nadie en concreto. Se trata, no obstante, de un espectro, es decir, existen grados, pero todos los miembros de esta comunidad comparten una atracción sexual muy por debajo de lo normativo.

“La gente confunde atracción sexual con deseo sexual, con excitación, con libido, lo confunde todo”, explica Leticia. “Hay mucha pregunta invasiva, incluso de amistades, de si te masturbas o si tienes pareja, si tienes relaciones… una persona asexual puede masturbarse perfectamente y sí que es verdad que las relaciones son más infrecuentes, porque claro, la motivación de que te atraiga la otra persona, pues no la tienes. Entonces, las personas asexuales no suelen tener muchas relaciones sexuales, digamos, con otra gente, consigo mismas sí”.

Rey forma parte de la ejecutiva de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales, Intersexuales y más (FELGTBI+) desde noviembre de 2024 y es la primera persona asexual en llegar a ese cargo. Sin embargo, no siempre la asexualidad estuvo tan integrada en el colectivo y aún hoy es una de las principales reivindicaciones de la comunidad asexual española, que cuenta con organizaciones como ACEs, que la letra A se incluya en las siglas LGTB(A)IQ+.

“La asexualidad forma parte de la diversidad sexual y, por ello, entendemos que tiene un lugar dentro del colectivo LGTBIAQ+. Desafortunadamente, llevamos mucho tiempo de borrado e invisibilización y nos encontramos con un largo camino que recorrer para ver el reconocimiento e inclusión plena de nuestra orientación en todos los espacios”, explican desde ACEs. “En los últimos años la situación ha mejorado mucho gracias a las luchas del activismo asexual y la propia comunidad. Hay más visibilidad, inclusión y cooperación en el Colectivo, esperamos que ese sea el camino a seguir transitando en conjunto y en la sociedad, en general. La diversidad es lo natural”.

La dificultad para tener pareja

La falta de atracción sexual de las personas asexuales no exime, según aseguran los propios entrevistados, que puedan sentir una vinculación romántica hacia otra persona. No obstante, la ausencia de sexo lastra muchas veces sus relaciones de pareja.

Joss C. Pérez tiene 40 años y llegó a la conclusión de que formaba parte del espectro asexual en 2020. Hasta entonces, había mantenido relaciones con hombres y mujeres en las que había sentido que no generaba ninguna excitación: “No tenía respuesta sexual, mi cuerpo no respondía”. Eso fueron, asegura, las primeras sospechas, que cuando formó parejas estables no hicieron más que confirmarse.

“Experimentar la atracción sexual de manera no normativa significa que muchas veces, cuando formamos vínculos afectivos, no damos el nivel que supuestamente hay que dar. Para la mayoría de la gente el sexo es la mitad o más de una relación de pareja y para las personas que formamos parte del espectro asexual el sexo no está en el centro”, declara Joss, que se define como transfeminista y activista LGBTIQA+ y pertenece a LiberTRANS, asociación de personas trans de Canarias y a ACEs asociación interseccional de personas del espectro asexual. “Al final siempre la cuestión del sexo es un problema para la otra persona porque yo no busco a la otra persona para mantener relaciones sexuales, rara vez yo tengo ese deseo. Entonces, al final siempre las relaciones afectivas de pareja terminan por el mismo motivo”.

La crisis de la pareja tradicional, defiende Joss, no es algo exclusivo de las personas asexuales. Él ha optado por disfrutar de su vida sin necesidad de tener que generar ese tipo de vínculo específico, pero defiende que existe un cuestionamiento social general del modelo que se traduce en las experiencias poliamorosas o las relaciones abiertas. Formas, todas ellas, de buscar nuevos tipos de vinculación en los que las personas asexuales también tienen un papel.

“Si es difícil para las personas que no son asexuales formar pareja, imagínate lo que supone para las personas del espectro asexual, que en todo caso tendríamos que buscar muchas veces a otra persona del espectro asexual e intentar a ver si así funciona la cosa”, explica Joss. “Se está dando un cuestionamiento de la pareja tradicional, pero no hay un horizonte hacia dónde el que mirar. Exactamente ¿qué es lo que hay que construir? Digamos que estamos en una encrucijada, en un en cuestionar la norma, pero no sabemos exactamente qué construir”.

“Terapias de conversión” y violencia sexual

Es en entornos de intimidad como la pareja en los que muchas personas asexuales afirman haberse sentido forzadas a tener sexo bien por sus parejas o bien por ellos mismos buscando cumplir con las expectativas de lo que llaman sociedad alonormativa, en la que se proesupone que todas las personas sienten atracción sexual hacia otras de forma natural.

Según el censo de la comunidad asexual en España elaborado en 2021 por ACEs con una base de 576 personas, un 28,8% de asexuales aseguran haber sufrido violencia sexual y un 29% admite haber mantenido relaciones sexuales por sentirse “normal”. La invisibilización de su orientación y la presión social por cambiarla parecen tener también hondas consecuencias en la salud mental de las personas asexuales, según una encuesta realizada a más de 1.000 personas del colectivo por parte de ACEs en 2022. Un 58% habría tenido intenciones suicidas, un 36% dice sufrir ansiedad y un 31%, depresión.

La patologización habitual de esta orientación, que suele atribuirse a traumas y se plantea como un problema de salud mental corregible ha llevado a los activistas y organizaciones de asexuales a hablar incluso de “terapias de conversión encubiertas”. De estos intentos de tratamiento, defienden, derivan verdaderos problemas de salud mental y traumas posteriores.

Lucía Molinez, una albaceteña de 29 años, es ahora una activista de la asexualidad en redes sociales y también es miembro de ACEs, pero ha dado, en sus propias palabras, “muchas vueltas” hasta acabar sintiéndose parte de este colectivo. Inicialmente, al sentir que no generaba atracción sexual hacia otras personas, se autodenominó demisexual al escuchar el término. Es decir, interpretaba que era una persona que solo se sentía sexualmente atraída por otras con las que hubiera generado un vínculo afectivo previo. Al iniciar una relación de pareja y ver que todo lo referente a su sexualidad seguía igual, empezó a replantearse esa etiqueta.

“Después de haber procesado un poco todo esto, me di cuenta de que sí puedo sentir atracción sexual, pero muy poco. Te das cuenta de que algo te atrae, pero bueno, que a efectos prácticos podríamos decir casi que como si no existiese”, declara Lucía, que empezó a identificarse como asexual desde esa experiencia de pareja que, admite, acabó fracasando por el factor sexual y por muchas otras cuestiones.

En todo caso, admite que la presión que personas como ella sienten durante una relación por dar la talla en el aspecto sexual puede llevar a situaciones en las que se pueda llegar incluso a normalizar agresiones sexuales.

“Por un lado tú quieres funcionar como el resto, entonces tú siempre vas a buscar anularte a ti para decir: ‘A ver qué es lo que me pasa porque yo tengo que llegar a esto’, porque esto es lo que llegan todo el mundo de mi alrededor o todo el mundo con el que me relaciono. Entonces, tengo que presionarme, forzarme para estos estándares”, declara Lucía, que admite que la patologización de su orientación, incluso por ella misma, es algo a lo que todos los asexuales pueden estar sometidos en cierto momento.

“Por la presión de funcionar como el resto y más si tú no entiendes lo que te pasa te lleva a forzar más, porque a lo mejor puedes incluso entender que lo tuyo es un problema, o que viene por un trauma, como nos hacen muchas veces ver, cuando, a veces, el trauma viene después”, declara Lucía. “Si a mí no me estás dando las herramientas de reconocerme, saber conocer mis límites, todo esto, claro, es más fácil que yo acabe cediendo porque no entiendo dónde está mi límite y entonces se llega a la agresión”.

Ante todas estas dificultades derivadas en buena medida por el desconocimiento sobre esta orientación sexual, los asexuales optan en muchos casos por tratar de buscar parejas de su mismo espectro, aunque eso suponga una dificultad extra a la hora de encontrar una persona compatible.

En el caso de Lucía, el plan parece estar funcionando: “La pareja actual que tengo también pertenece al espectro asexual y ya no es solo a lo mejor entenderte la manera de funcionar, sino que como tú has hecho un trabajo de darle vueltas a cómo funcionas, a todas esas cosas, hay más comunicación, te entiendes más, entiendes más los límites incluso de las personas y todo es más fácil”.

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