El IPC se planta en su nivel máximo desde 2003. Seis décimas subió en septiembre hasta alcanzar el 4,9% a causa del incremento en los precios de la energía. Al barril de petróleo le cuesta bajar de los 100 dólares y su coste repercute no solo en las gasolineras sino también en los alimentos frescos, que repuntaron casi un 6%.
El origen de esta deriva inflacionista, que reduce la capacidad adquisitiva de los salarios y se come el ahorro de las familias, no es otro que la guerra absurda desatada por Trump contra Irán arrastrado por los intereses políticos y personales de Netanyahu. Conviene recordar quiénes son los responsables y con qué fines se están dañando las economías de todo el planeta. Que nadie se despiste.

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