Mariana Enriquez, maestra del terror, presenta nuevo libro: “La empatía tiene buena prensa, pero no sirve”

Mariana Enrique (Buenos Aires, 1973) ha hecho una mini gira por España para presentar su nuevo libro, Conversación con la oscuridad (Páginas de Espuma), un tratado de quien está considerada la maestra del terror gótico literario, un mapa del horror contemporáneo. También un ecosistema, una cara B que reúne pensamientos, teorías, ideas… elaborado a lo largo del último año con la magia de las palabras, marca ineludible de Enriquez, quien ha hecho del terror “una cosa muy seria”, en opinión de su editor, Juan Casamayor.

Enriquez ha llegado a Madrid el día en que un brutal choque de trenes ha sembrado de muertes la provincia de Toledo, por lo que ha comenzado su intervención ante la prensa y numerosos fans de su obra en el Teatro del Barrio (Lavapiés), mostrando su sentimiento de pesar por este suceso.

La escritora argentina, considerada una de las voces más respetada y aclamada de la literatura latinoamericana, reside en Tasmania desde hace años, por razones familiares. “No me escapé de Argentina”, matiza, fue algo personal (está casada con un australiano), yo allí vivía bien”. Ese viaje Australia-Europa forma parte de su vida, que ha diluido en el espacio su relación con su propio país sin que este pierda su presencia e influencia en sus libros. La tradición del miedo en la narrativa latinoamericana es, por así decirlo, su especialidad, a través de sus novelas, cuentos y relatos, algunos adaptados al cine.

Sobre el género que mejor conoce, y que está implícito en el subtítulo del libro (Teorías, Intuiciones y Escrituras del miedo) ha dicho: “El gótico es una manera de conocimiento. Es un género que piensa en el pasado. Porque hay que empezar a pensar en las semillas del pasado que están en el presente. Cuáles son las cosas que están muriendo ahora, como un tipo de consumo. Compramos más online y por Internet”.

Hay una forma de creatividad que no va a existir de la misma forma que antes

“A veces pienso que en determinadas actividades humanas -y es muy tétrico pensarlo así- terminará el escribir solo con la imaginación. Alguien dijo que había una forma de hacer literatura que ya no iba a existir más. La gente se enojó, pero hay que pasar de ese ataque de histeria. Hay una forma de creatividad que no va a existir de la misma forma y mucha de la resistencia histérica tiene que ver con la forma de hacer el duelo demasiado rápido, y al que nadie quiere renunciar. Eso se va a transformar en algo humano, pero el momento de la transición es complejo”, admitió.

La literatura argentina está en los orígenes de la suya, pero a su modo, la ‘cuestiona’.. “Silvina Ocampos y Julio Cortázar incorporaron el ‘voceo’ del Río de la Plata. Antes se escribía de ‘tú’ y nosotros no hablamos nunca de ‘tú’. Es rarísimo, es un disparate. Los que lo hacen parecen españoles hablando por la calle corriendo, es realmente chocante. Eso tiene que ve con una dominación, cómo se escribe en un momento dado. Cortázar rompe con eso y lo mete de una manera muy bestia. No es una crítica, es una observación de cómo en un momento dado la literatura era clasista de una manera y de ese modo la mitología local, la superstición no entraba porque se veía como una fórmula menos elaborada, menos importante, menos literaria. Borges metía la mitología de Islandia y no se le ocurría meter la mitología mapuche. Eso ahora sí ocurre, pero Argentina ahora transcurre de otra manera. Incorpora otros registros más cercanos”.

El libro es una especie de arqueología, voy viendo qué hay debajo. Si hay alguien que no se dio cuenta de la carga política digo, mejor, porque si la ves es que el libro te está dando órdenes

La escritora desveló su sistema de trabajo, que compara con la propia arqueología: “Yo suelo empezar por la trama, en el proceso creativo se me ocurre la historia y luego mientras la escribo, se me ocurren cosas. El libro es una especie de arqueología, voy viendo qué hay debajo. Si hay alguien que me dice que no se dio cuenta de la carga política digo, mejor, porque si la ves es que el libro te está dando órdenes. Yo prefiero que sea confuso, raro. También te preguntas -añade- por qué haces un libro así, por qué muestras tus herramientas. Pero yo sentía que era el momento por tantos años de recolectar y cuando me lo ofrecieron tenía ganas de ponerlo por escrito. Yo no lo habría hecho jamás porque soy muy desordenada mentalmente. Últimamente lo que más trabajo es el siniestro, cuando lo familiar que se empieza a volver raro”.

Enriquez se refirió a la indiferencia como un rasgo humano muy presente, por ejemplo ante la desigualdad en el continente americano: “Es imposible ser empáticos con lo que está pasando. Tengo muchas dudas con la empatía, es muy performativa. Hay palabras que se ponen de moda, empatía, trauma… ‘Yo soy tan empático…!. Saber escuchar, poner en el lugar del otro no implica hacer un espectáculo de eso. Antes de que lloren conmigo prefiero que me presten dinero, me parece mucho más empático. Ya sé que es terrible lo que pasa pero mejor sería decir a ver si nos organizamos y mandamos dinero y nos callamos la boca”. Eso me crea muchísima desconfianza”.

La empatía que supere a la política en la prensa es un problema de narciso, es pensar que conmoverse es mejor que actuar

“Si no vive en una urbe sudamericana, -continuó- donde tiene barrios enteros sin luz y pobres. No hay dinero, hay ancianos sin pensión…Si viviera sintiendo empatía con eso y sufriendo, al ciudadano no le sirve para nada. La empatía tiene muy buena prensa, pero no sirve mucho. Prefiero alguien menos empático y que accione. La empatía que supere a la política en la prensa es un problema de narciso, es pensar que conmoverse es mejor que actuar”.

La narradora argentina no pudo sustraerse a la interrogante de cómo maniobra con el lenguaje, el arma que le ha dado crédito y virtuosismo: “Me gusta pensar la literatura, cómo manejamos el lenguaje a lo cercano y a lo místico, a la magia ritual. La literatura es como un conjuro, cuenta una escena y la ve en su cabeza. O como una plegaria, que uno hace para lograr un cambio en la realidad. Un conjuro se dice de determinada manera, como un padrenuestro. El orden y las palabras no funcionan de cualquier manera para producir esa realidad, tiene que estar ordenado para producir el milagro de provocar una realidad”.

Estamos en un momento de inmediatez en el que sentimos la subjetividad atacada

Mariana Enriquez habló de la oscuridad que habita este tiempo, pero no cree que sea más poderosa ahora que antes. “Es igual de visible que siempre. Más siniestro que Stalin, que Videla, no creo…. No hay que ahogarse en la contemporaneidad y en la inmediatez y perder de vista lo que pasó. En los años 50 no convivíamos con hay mucha ansiedad con lo que vemos en el teléfono, porque no teníamos. A vos te afecta más porque lo estás viendo, no puedes pensar que en los 50 se estaban produciendo las purgas estalinistas, porque no lo veías en el teléfono. Yo leo los poemas a Stalin de Pablo Neruda y digo, ¡Dios! Ninguno de los gobernantes latinoamericanos que hoy hablan con cierto desparpajo hicieron cosas como los anteriores a la II Guerra Mundial te hablo de Franco, Hitler Mussolini, o en los 90 como Milosevic, los dictadores africanos, los de República Dominicana… Estamos en un momento de inmediatez en el que sentimos la subjetividad atacada”.

La autora de títulos como Archipiélago, Bajar es lo peor, Nuestra parte de la noche, Los peligros de fumar en la cama, Las cosas que perdimos en el fuego, Alguien camina sobre tu tumba. Mis viajes a cementerios, Un lugar soleado para gente sombría…, incluye en este libro, Conversación con la oscuridad, una frase que sintetiza bien su proverbial literatura: “No hay nada más serio que un fantasma atrapado por su trauma”. Definitivamente, necesitamos los fantasmas, al menos los de Mariana Enriquez.