Más de 400 invitados, un chef cinco estrellas Michelin, tres días de celebración y, sobre todo, la familia encabezada por Isabel Preysler, la madre de la novia, han elevado la atención mediática de la boda.
La propia Tamara diseñó el vestido de su hermana, Ana Boyer, cuyos hijos, Miguel y Mateo, han sido destacados pajes en una ceremonia, de la que solo ha habido imágenes en la entrada del palacio, donde se han congregado decenas de periodistas, ya que todos los detalles serán contados en exclusiva por una conocida revista, que este lunes lanzará un número especial.
Horas después, ya de día, este domingo son noticia precisamente las primeras imágenes de los recién casados llegando al hotel tras estar toda la noche de fiesta por la boda.
En ellas, algo ha llamado la atención: “La actitud de ambos era completamente distinta”, indicaron en Socialité. Según la reportera Laura Rouge y la presentadora María Patiño, que analizaron al detalle la secuencia, no hay buen rollo entre la pareja.
También llamó la atención que el empresario salió del coche a las ocho y media de la mañana con el rostro serio y con gafas de sol, mientras que ella, con rostro más simpático, se adelanta y sale primero hacia el Hotel Ritz, donde han tenido un almuerzo con parte de la familia en lo que se denomina postboda.
“La prensa comenta el rostro serio de Íñigo Onieva en un día tan especial”, aseguró Rouge. “No vi buen rollo”, sentenció. “Es llamativa esa imagen porque es una pareja que se acaba de casar”, añadió la presentadora.
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