Tras la Guerra del 14 hubo un cambio en la legislación internacional que prohibió el uso de gas mostaza en escenarios de combate y que se firmó en Ginebra en 1925. Desde entonces han sido innumerables los cambios acordes con los tiempos en esa jurisdicción sobre la guerra.
La trágica irrupción que ha tenido en Ceuta esa modalidad de lo que llamamos guerra híbrida, que consiste en la utilización de la población civil como fuerza de choque contra los agentes del orden, en este caso los de la frontera española, merece una nueva modificación en esa legislación universal sobre el uso de ciertas armas y la violación de determinados derechos humanos. Y es que, si hablamos de guerra híbrida, estamos hablando de guerra o -lo que es más perverso- de guerra encubierta que persigue los mismos objetivos que el enfrentamiento armado, pero usando en este caso a niños, a mujeres, a ancianos y a inmigrantes, o sea, a los desheredados, para culminar con éxito un asalto ilegítimo de fronteras.
Los convenios de Ginebra de 1949 prohibieron la toma de rehenes en los conflictos bélicos. Pero no solo hay rehenes a punta de metralleta. También los hay del hambre, la miseria, la enfermedad y la violencia ambiental. También esas lacras pueden ser un arma de presión si hay quien las usa con un objetivo político y expansionista. Creo que esta es la lectura que debemos hacer de la crisis ceutí en vez de cargar contra los inmigrantes, como lo hace cierta derecha visceral y carente de luces.
Arremeter contra la pobre gente a la que el poder marroquí lanzó a la toma de la ciudad autónoma prometiéndole una vida mejor es una reacción primaria que se queda en lo anecdótico y no denuncia nada. Decir que se han tirado al mar los mejor alimentados, los sanos y los fornidos es algo que exime a los responsables de esa operación que costó 145 vidas. Decir que estamos ante una invasión, no ante un fenómeno migratorio, no quiere decir que no sean inmigrantes los utilizados en esa maniobra. Decir que no es una crisis humanitaria no quiere decir que podamos ser inhumanos con sus víctimas. Tenemos una derecha que elude el debate o cae en todas las trampas que le pone la izquierda.
Sí. La guerra híbrida y sus rehenes de la miseria. La reciente Asamblea General de la ONU era el marco perfecto para formular esa denuncia. Sánchez no lo hizo. La oposición tiene hoy una oportunidad para señalar a los culpables y no ponerse una vez más en el ‘lado incorrecto de la Historia’ cargando contra los parias de la tierra.

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