“Somos muy afortunados”. Así resumen Adrián Ramos y Luciano Digennaro, ambos de 19 años, la mezcla de pensamientos y emociones que les ha invadido al saber que podrían haber sido pasajeros de uno de los dos trenes que han colisionado este miércoles a la altura de Urda (Toledo), una tragedia que deja decenas de muertos.
En conversación con 20Minutos, ambos cuentan que la noche del martes, sentados junto al ordenador, vieron en la página de Renfe dos opciones para viajar a Sevilla: un tren que salía desde Madrid a las 7:54 y otro a las 9:00. “Dijimos, vámonos un poco más tarde y dormimos un poco más”, recuerdan, siendo conscientes, ahora, de la importancia que ha supuesto tomar esa decisión.
A la mañana siguiente, llegaron a la estación de Atocha a las 7.30 horas. Adrián relata que pudo cruzar miradas con los pasajeros del tren destino Sevilla que ha sido protagonista de la tragedia ferroviaria de este miércoles. Ambos, sin saber que es lo que acababa de ocurrir, subieron a su tren, donde vivieron momentos de incertidumbre cuando el convoy arrancó, se frenó bruscamente y regresó a la estación.
Permanecieron alrededor de 45 minutos en sus asientos, sin poder moverse y sin saber exactamente qué estaba ocurriendo. No fue hasta que Adrián recibió un mensaje de su madre, que trabaja en urgencias, para informarle del accidente. “Cuando te pasa algo así, te das cuenta de cómo un pequeño cambio puede afectar a tu destino“, reflexionan. Porque, la diferencia entre ambos viajes era de poco más de una hora, pero la decisión de retrasar su salida de Madrid había cambiado por completo el rumbo de aquella mañana.
“Nos pareció una locura”, reconocen al pensar en las noticias que han ido leyendo. La experiencia, reconocen ambos, les ha hecho reflexionar y pensar en la “fragilidad de la vida” y en las consecuencias que tiene tomar una decisión sin darle demasiadas vueltas.
“Todo el mundo va en automático”, lamenta Luciano. En ocasiones, explican, “uno no se detiene a pensar en lo que tiene”, hasta que sucede algo que le obliga a mirar la realidad desde otra perspectiva. Para ambos, lo ocurrido es “un milagro”. Lo que han vivido es un recordatorio de la de no dar por hecho que todo seguirá tal y como está al día siguiente. Los dos amigos reconocen sin titubeos: “Tenemos que valorar el presente”.
Porque, como afirma Luciano: “De la noche a la mañana, tu vida puede cambiar”. Una reflexión que, para los dos jóvenes, se ha convertido en una experiencia que difícilmente conseguirán borrar del todo.

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