La oposición de centroizquierda encabeza por la mínima el recuento de las elecciones legislativas celebradas este domingo en Suecia, con un 49,3% de los votos frente al 49,1% del bloque gubernamental del primer ministro conservador, Ulf Kristersson, escrutado ya el 94% de los distritos electorales.
A falta del resultado definitivo y de contabilizar el próximo miércoles los votos procedentes del exterior, el bloque liderado por la socialdemócrata Magdalena Andersson obtendría 175 diputados frente a los 174 de la derecha, apenas un escaño de diferencia que mantiene completamente abierta la batalla por el Gobierno.
El recuento ha reducido drásticamente la ventaja que los sondeos a pie de urna otorgaban inicialmente a la oposición. La televisión pública SVT había situado al centroizquierda en el 51,3% frente al 46,8% del bloque gubernamental, mientras el canal privado TV4 ofrecía cifras similares.
De mantenerse la tendencia actual, el Partido Socialdemócrata volvería a ser la fuerza más votada, como ha ocurrido en todas las elecciones generales suecas de los últimos cien años, aunque caería dos puntos hasta el 28% y firmaría su peor resultado desde 1928.
La principal novedad estaría en la segunda posición. El Partido Conservador de Kristersson obtendría el 19,9% y superaría a Demócratas de Suecia, que retrocedería casi tres puntos hasta el 17,6%. La ultraderecha perdería así la condición de segunda fuerza que había alcanzado en 2022 y rompería una trayectoria de crecimiento electoral continuado desde su primera participación en unas generales en 1988.
Los tres partidos que apoyan a Andersson mejorarían sus resultados: el Partido de Izquierda alcanzaría el 8,1%, el Partido de Centro el 7,1% y el Partido del Medio Ambiente el 6,1%. En el bloque gubernamental, los democristianos obtendrían el 6,2% y los liberales el 5,4%, después de que estos últimos aparecieran hasta hace pocos días en algunas encuestas por debajo del umbral mínimo del 4%.
Los líderes de los principales partidos han pedido cautela. “Mi mensaje es claro, los socialdemócratas siempre estaremos listos para asumir la responsabilidad del resultado. Parece que será muy ajustado, pero ahora vamos en cabeza y si se mantiene así, Suecia tendrá un nuevo gobierno“, ha afirmado Andersson.
Kristersson ha admitido, por su parte, que el resultado puede conducir a unas negociaciones “complicadas” y ha asegurado que está dispuesto a explorar todas las opciones independientemente de qué bloque termine imponiéndose.
Las diferencias internas entre los partidos del centroizquierda pueden volver a ser decisivas. Durante la campaña, el Partido de Izquierda ha reclamado entrar en el Gobierno a cambio de su apoyo, mientras el Partido de Centro rechaza formar parte de un Ejecutivo que incluya a los socialistas. Andersson ha reiterado que está dispuesta a colaborar con todas las fuerzas salvo con Demócratas de Suecia.
En el otro bloque, Kristersson rompió en 2022 el tradicional cordón sanitario frente a la ultraderecha. Los partidos de derecha habían anunciado antes de estos comicios que Demócratas de Suecia podría entrar por primera vez en un Gobierno si el bloque conservador obtenía la mayoría.
El resultado definitivo podría no aclararse hasta el miércoles, cuando se contabilicen los votos emitidos desde el extranjero y los sufragios anticipados enviados dentro de plazo pero recibidos después del cierre de los colegios. Suecia ya vivió desenlaces similares en 2018 y 2022, cuando fue necesario esperar a ese recuento para determinar la mayoría parlamentaria.
La inmigración, en el debate de campaña
La campaña ha estado dominada por cuestiones com la seguridad y el orden, la inmigración, las medidas contra la crisis inflacionaria, la sanidad y la educación.
En el caso de la inmigración, la crisis de refugiados en Europa supuso el fin de la línea aperturista sueca en esta materia, un giro que se ha intensificado en los últimos cuatro años. De hecho, Suecia ha pasado de tener 160.000 solicitantes de asilo en 2015 a 4.200 esperados para 2026, la cifra más baja desde que se empezaron a recopilar esas estadísticas en 1985.
Durante la campaña, el Partido Conservador ha prometido que quienes hayan sido condenados por violencia en “relaciones personales estrechas” —lo que incluye la violencia intrafamiliar— no puedan adquirir la nacionalidad sueca.
Su aliado externo y hasta ahora segunda fuerza parlamentaria, el ultraderechista Demócratas de Suecia (SD), ha defendido prohibir el uso de cualquier tipo de velo en espacios públicos y que todos los permisos de residencia sean temporales, incluso de forma retrospectiva, además de no destinar una sola corona a medidas de integración, ha asegurado su líder, Jimmie Åkesson.
Por su parte, los socialdemócratas, que han apoyado la mayoría de reformas del gobierno en ese área en el Parlamento, ya han dicho que no cambiarán la línea dura y también quieren que los condenados por delitos sexuales graves no puedan obtener la nacionalidad.

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