El Real Madrid vivió este miércoles su primera noche mágica en Europa en esta segunda etapa de José Mourinho. Un partido mayoritariamente pobre de los blancos ante la Roma que se resolvió con una espectacular remontada en los minutos finales, comandada por la segunda unidad merengue, que pide paso a gritos ante el decadente desempeño de las ‘vacas sagradas’.
La palabra ‘crisis’ amenazaba antes del partido a un Real Madrid que de nuevo ha empezado la temporada con más dudas que certezas. Si bien la victoria ante el Villareal supuso un balón de oxígeno, vencer en Champions era indispensable para no desengancharse pronto de la pelea por clasificarse directamente a octavos de final, algo que no ha logrado nunca con el nuevo formato.
El comienzo fue poco alentador. La Roma controló los primeros minutos, y llegó a poner en apuros a los blancos, encerrados en su área y salvados por un paradón de Thibaut Courtois al disparo de Mario Hermoso, mientras que arriba Vinícius y Mbappé hacían gala de su habitual desidia en labores defensivas.
El Olímpico de Roma coreaba el nombre de Mourinho, técnico allí durante dos temporadas y media, y Dybala se hacía con el control del partido, siempre encontrando espacios entre líneas e incluso asustando a los visitantes metiendo la puntera, a pase de Nahuel Molina, para rozar el primer gol, aunque la Roma sufrió un mazazo con la lesión de Koné, que se marchó del césped pasado apenas un cuarto de hora.
Aun así, la Loba no se rindió, y encontró petróleo en la presión alta. Dybala se la robó a Tchouaméni y lanzó el contragolpe, en el que tanto el francés como Valverde dejaron desprotegida la media luna, desde donde De Roon ametralló a un Courtois que pudo hacer más para evitar el gol.
Pero la fortuna sonrió al Real Madrid apenas unos minutos después, cuando Mario Hermoso se comió un balón alto, que rebañó Mbappé para marcar un tanto de larga distancia gracias a una deflexión de un zaguero italiano. Con las tablas en el luminoso, el encuentro se trabó, y apenas hubo más ocasiones en la primera parte, siendo la más clara la última, en la que Jude Bellingham culminó una buena transición merengue con un disparo con la zurda que se marchó desviado.
Tras el paso por los vestuarios arrancó la debacle blanca. En el minuto 51, Vinícius perdió el balón al intentar una frivolidad, y de la recuperación romana nació el segundo gol, obra de un Malen que aprovechó el repliegue tardío de Valverde. Y apenas cinco minutos después llegó el tercer tanto local, con un pase filtrado por Soule que la zaga del Madrid se comió, dejando solo de nuevo a Malen, que engañó a Courtois en el mano a mano.
Mejoró enormemente el Madrid con los cambios, principalmente la salida de Tchouaméni, Dumfries y Vinícius, dejando sitio a Arda Güler, Carlos Espí o Endrick. Avisaron los de Mourinho con un gol de Mbappé que fue anulado por fuera de juego, y entonces se desató la locura. Espí acudió al rescate para marcar el 3-2 tras un rechace, Endrick cabeceó un saque de esquina para lograr el empate y Antonio Rüdiger aprovechó otro córner para completar una remontada frenética, de esas que tanto echaba de menos el madridismo, todo ello en apenas siete minutos de frenesí que demuestran que el Real Madrid sigue siendo letal cuando quiere.

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