El simple gesto de prepararse un café a primera hora de la mañana o después de comer lleva implícito en más de una ocasión echarle algún tipo de edulcorante artificial con el que endulzar el característico sabor amargo de este estimulante. Este endulzante, más conocido como sacarina, se utiliza cada vez más en España como sustitutivo del azúcar.
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