Dafne Fernández: “Jamás he tenido ninguna mujer enemiga, siempre las he entendido”

Dafne Fernández me cuenta que la actriz Natalie Wood hizo el casting para la película Rebelde Sin causa, no la veían en el papel por parecer demasiado “niña buena”, así que en una ocasión que la detuvieron, utilizó la única llamada que tenía desde la comisaría para llamar al director que se negaba a contratarla y le dijo: “¡Nick, estoy llamando desde la cárcel! ¿Y ahora qué? ¿Aún sigues pensando que soy una buena chica?. Después de eso, le dieron el papel junto a James Dean.

Es un poco lo que le ha pasado a Dafne Fernández, pero en su caso siempre fue una chica buena y lo sigue siendo. Con su voz serena, pausada, con esa mirada limpia me confiesa “nada, ni fumar, ni beber, ni drogarme, ni liarme con tres chicos una noche… siempre tenía que tener el control”.

Una buena chica y una madre empeñada en que sus hijas se diviertan más que ella, pero que sean buenas personas, que den lo que esperan recibir. Tuvo una infancia complicada con una madre ausente y una hermana que para ella lo es todo “Se llama Rebeca también, es mi hermana y es una de las personas que más admiro, pero también como mujer, porque ha sido como mi madre. O sea, nosotras hemos vivido una infancia en la que se han invertido un poco los papeles porque ella es la pequeña. Ha conseguido todo lo que se ha propuesto, es una tía con muchísimo éxito, con una cabeza… bueno, que es que yo a veces digo, pero ¿y tú cómo he salido yo tan traumada y tú tan bien”.

Traumas e inseguridades que le pesaron durante años “la maternidad y estar con los niños, pues… voy a decirlo mal, pero me ha dado un hostión y de repente me he dado cuenta de cosas que he vivido bueno, que eran diferentes”.

Capítulos que cada día pesan menos, hoy, convive con ellos, los sabe llevar y son los que también la han convertido en la mujer que es, con la que cada día se siente más a gusto, aunque a veces cueste “las mujeres estamos en un mundo moldeado para los hombres, es difícil ser mujer en este mundo, y, bueno, todo está mal, si de repente, cuando eres joven, tienes muchos rollos, pues eres una fresca, pero si no, eres una mojigata. Si estás muy delgada, porque estás muy delgada, si tienes mucho éxito, también molesta, entonces, es complicado” y añade “jamás he tenido ninguna enemiga mujer, al revés, siempre las he admirado y he entendido”.

“Las mujeres estamos en un mundo moldeado para los hombres, es difícil ser mujer en este mundo”

Debutó con sólo 12 años con el director Carlos Saura y se formó en ballet, algo que le ha imprimido una disciplina que no ha abandonado y le dio herramientas para la vida “lo echo muchísimo de menos, pero es verdad, siempre también me pregunto, ¿qué hubiese pasado si no se me hubiese cruzado la interpretación en mi camino? ¿Sería bailarina? ¿Sería otro tipo de persona?”.

De eso también trata la obra que acaba de estrenar en el Teatro Pavón Locuras Paralelas, que estará hasta el 25 de octubre. En ella dos parejas se encuentran en dimensiones diferentes, y ese contexto es la excusa para hablar de las relaciones de pareja, del hastío y del desgaste de los años. Me confiesa que sigue enamorada de su marido, Mario Chavarría, fotógrafo, y es feliz siendo madre, aunque admite “es maravilloso y durísimo. Son las dos cosas”.

En este proceso vivió también la transformación de su cuerpo, con el que convive lo mejor que puede. Me confiesa que, en ocasiones, su belleza la ha limitado profesionalmente “no me veo tampoco guapa, yo me odio bastante… pero por lo que te digo, nos ha machacado mucho… O sea, ahora veo fotos de cuando yo tenía 15 años, y digo, pero por favor y ahí en ese momento me odiaba, o sea, ahora estoy aprendiendo y me estoy queriendo bastante”.

“La gente que ha acampado en sol me da esperanza, se pueden hacer cosas si realmente nos levantamos de nuestro cómodo sillón y luchamos”

Una relación complicada como la de casi todas las mujeres que están expuestas al ojo público continuamente, por eso ha decidido también quitarse las redes sociales, vivir más libre y más en paz “parece que tenemos que enfrentarnos unos con otros cuando tenemos muchísimas más cosas en común que no. El algoritmo te está calentando todo el rato, permanentemente, te está dando la razón, te está engorilando y al final… Bueno, llevo tres semanas y cuatro días sin redes, lo voy contando todavía y estoy mucho mejor, tengo mucho más tiempo de pasar con mis hijos, mis hijos no me ven todo el rato con el móvil”.

Una Dafne que hoy se cuida mucho más, una mujer tímida que encuentra en la interpretación un disfraz para expresar todo lo que le cuesta más en la vida y que, a pesar de cómo está el mundo, sigue creyendo en la humanidad “la gente que ha acampado en sol me da esperanza, en plan de se pueden hacer cosas si realmente nos levantamos de nuestro cómodo sillón y luchamos. Porque nos agobian, te amordazan un poco, metafóricamente, te dicen que tú no puedes luchar contra el sistema, pero, ojo, la fuerza de todos hace mucho… además yo creo que somos más las personas buenas que las malas, y que al final los buenos tienen que ganar, siempre”.