Miles de bolsonaristas, frustrados por la inacción del ejército, toman violentamente el Palacio Presidencial, el Congreso y el Supremo. Lula tacha de “barbarie fascista” el intento de derribar la democracia y envía a las fuerzas del orden, que desalojaron la sede de los tres poderes, tras cuatro horas de vandalismo. Bolsonaro rompe silencio con tibia condena
Brasil ya tiene su asalto al Capitolio

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