Hay un bloque de pisos en el Eixample barcelonés que es conocido por todo el barrio. Por un lado, por la mariposa que corona la fachada del edificio, de origen modernista, y que le da nombre: bloque Papallona. Por otro, porque sus vecinos son un ejemplo de la lucha en Barcelona por el derecho a la vivienda: llevan más de dos años tratando de evitar que la propiedad —un fondo de inversión— les expulse de sus casas para fragmentarlas y alquilarlas por habitaciones, lo que se conoce como colivings.
Por este motivo, cuatro de los seis vecinos que siguen viviendo en el edificio han iniciado una “huelga de alquiler” y han dejado de pagar sus mensualidades a la propiedad. Parte de estos vecinos se encuentran sin contrato vigente desde hace meses, pero seguían pagando su cuota. Además, exigen al Ayuntamiento que compre el inmueble para hacer viviendas sociales y que lo haga “a coste cero”. Es decir, al mismo precio que pagó la propiedad actual, para no beneficiarla económicamente.
“Hasta que no consigamos que el bloque Papallona sea expropiado y que este fondo de inversión se marche de la ciudad, no pagaremos ni un euro más“, ha advertido en una rueda de prensa la vecina Anna Olestí, que también es portavoz del Sindicat d’Habitatge Socialista de Catalunya (SHSC), entidad que ha ayudado a los vecinos a organizar sus reivindicaciones.
“Aumentar la presión” sobre el Ayuntamiento
Así, los vecinos consideran esta huelga de alquileres como “un paso más” en su lucha y la describen como una herramienta de presión colectiva. Su objetivo es doble: por un lado, provocar un perjuicio económico a la propiedad para “forzar una venta por debajo del precio de mercado” y, por otro, “aumentar la presión” sobre el gobierno municipal de Jaume Collboni para que intervenga en el conflicto, ha asegurado Olestí.
En este sentido, la presidenta de l’Observatori Metropolità de l’Habitatge de Barcelona, Carme Trilla, ha señalado en una entrevista a 3cat que el Ayuntamiento debería estudiar si la compra del bloque Papallona es la mejor opción para ampliar el parque público de vivienda. “Hay que ver si es lógico o no comprar ese edificio y si, en lugar de ese, es mejor comprar otro”, ha explicado.
Sin embargo, Trilla sí que ha defendido la compra pública de edificios como una herramienta para proteger a los inquilinos. Un movimiento que ya ha hecho el consistorio barcelonés con anterioridad gracias al mecanismo de tanteo y retracto, que da prioridad a la administración en la compra de viviendas. Precisamente, hace una semana compraba un bloque ocupado en Sant Andreu con varias familias dentro y, en mayo del 2025, se hacía con la Casa Orsola, entre otros casos.
De edificio modernista a símbolo de la crisis de la vivienda
El bloque Papallona, conocido originalmente como Casa Fajol, está situado en el número 20 de la calle Llançà, en el barrio de la Nova Esquerra de l’Eixample. Fue diseñado por el arquitecto Josep Graner y construido en 1912, y está catalogado como bien cultural de interés local.
El conflicto vecinal empezó en 2024, cuando el inmueble pasó a manos del fondo de inversión New Amsterdam Developers, que avisó de la finalización de los contratos a la docena de familias que residían en el bloque, algunas desde hacía décadas.
Desde entonces, según denuncian los vecinos, parte de los residentes han tenido que marcharse y ahora solo están ocupados 6 de los 14 pisos del inmueble. El resto continúa organizado para evitar que el edificio pierda su uso residencial tradicional y se transforme en un negocio de alquiler temporal por habitaciones.

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