Hasta aquí hemos llegado: ni vivienda ni más legislatura

Pedro Sánchez lleva desde el arranque de septiembre con constantes gestos de que está en campaña electoral. Hace ya muchos meses que se expone poco, pero en las últimas semanas no ha habido viaje institucional en el que no haya aprovechado para salirse de agenda y hacerse una foto rozándose con la gente. Esto en el primer semestre de este 2026 era bastante improbable, pero en apenas dos semanas lo ha hecho en Huelva y este jueves lo repitió alrededor de su intervención en el foro La Toja. Fue a O Grove, a la fiesta del marisco, donde —aun con una mezcla de aplausos y abucheos— le aplaudieron bastante más que tras su ponencia en el reputado foro de pensamiento. Ninguna de las dos visitas estaba anunciada en su agenda.

Es muy posible que tras el fracaso de este viernes en el Congreso, y en cuanto acabe su nuevo periodo de reflexión, convoque elecciones. Pero si no lo hace, daría relativamente igual. En el Gobierno asumen que la legislatura está ya acabada y la única duda que queda es la fecha concreta en la que nos llamarán a las urnas. Puede hacerlo de forma inmediata y forzar que sean ya en noviembre (o el 6 de diciembre, con todo el valor simbólico que conlleva el Día de la Constitución) o alargar el proceso hasta marzo, pero en cualquiera de los supuestos, ya no va a haber un solo acuerdo que salga adelante en el Congreso de los Diputados.

Pese al cambio de foco —hemos pasado de hablar de Ceuta y corrupción a que la vivienda centre casi toda la atención— las encuestas que hay de estos últimos días reflejan que el PSOE ha seguido perdiendo voto. Sin embargo, pese a no rentabilizarlo de forma directa, sí lo hacen sus socios de izquierda y, además, al centrar el debate en algo social, el PSOE ha pasado a un escenario más cómodo. Los principales titulares ya no van sobre “invasiones” ni sobre declaraciones judiciales. Van sobre desahucios y sobre medidas en vivienda (muchas de ellas imposibles), que llegan a una sociedad indignada por este asunto y que reparte culpas entre todos los partidos y todas las instituciones. En Ceuta no es así (ahí las encuestas los señalan como culpables para una muy amplia mayoría de la sociedad). Tampoco en la corrupción, con casos tan incómodos como los de Zapatero, Ábalos y los que rodean a su propia familia.

Si la legislatura acaba ahora, se puede decir que, tras un primer gobierno más ejecutivo, habrán sido tres años fallidos. Sin presupuestos, sin grandes leyes sociales y, aunque con mayor paz territorial, también con una sensación creciente de corrupción. No es el mejor balance para que Sánchez se presente a las elecciones, pero —tras esta votación en el Congreso— usará la que podría ser su última carta: el argumento de que es “la derecha y la extrema derecha” la que no le ha permitido desarrollar su agenda social y que solo las urnas pueden cambiar la situación. Le funcionó en la campaña electoral de 2023 y, aunque no hay indicios de que esta vez le vuelva a funcionar, nada está escrito y todo es posible. Convoque hoy, esta semana o dentro de tres meses, la última partida ya ha empezado.