Larbi y Omar, nietos de un soldado de los Regulares: “Hemos pagado mucho por defender la bandera española”

Nada es lo que parece en la playa ceutí del Trampolín, el asentamiento improvisado frente a la carretera del Recinto que acoge a los migrantes que a finales de julio (los días 30 y 31) cruzaron irregularmente la frontera desde Marruecos. A lo largo y ancho del arenal se ubican miles de hombres, de edades comprendidas entre la minoría de edad y la cincuentena, que arrastran historias de vida y muerte de lo más variadas.

Desempleados, delincuentes, acérrimos nacionalistas y profesionales honrados se mezclan con los descendientes de quienes defendieron los intereses de España cuando Marruecos era un territorio bajo protección de la Península. Una situación que se prolongó entre 1912 y 1956, año este último en el que el país alauita obtuvo su independencia tanto de España como de Francia.

Lo sabe bien Larbi Boukouna, un taxista de 55 años, que el 30 de julio se lanzó al agua de la mano de su hijo Omar, un joven de 25 años, extremadamente tímido, que se limita a sentir con la cabeza a cuanto dice su padre. Su historia es muy diferente a la del resto de moradores de la playa. “Mi abuelo fue soldado en los Regulares”, le cuenta a 20minutos en un perfecto español que hace innecesaria la intervención del traductor.

Padre e hijo dominan perfectamente la lengua de los ceutíes. “Nunca he estado en España antes ni he ido al colegio”, aclara Larbi, pero en casa recibió “una educación española, nuestra cultura es española. Nos comportamos más como los de aquí que como marroquíes”, trata de hacerse entender. Y su historia tiene una clara explicación.

Nosotros nos comportamos más como los de aquí que como los marroquíes

Larbi y Omar son nieto y biznieto de un ‘regular’. Dicho de otro modo. Su abuelo y bisabuelo sirvieron en las unidades militares del Ejército español, los Regulares, formadas principalmente por soldados indígenas marroquíes pero con oficiales españoles. Durante el protectorado español de Marruecos, estos efectivos combatieron en las campañas militares de la zona, como la guerra del Rif. Por eso, Larbi resume con claridad su historia: “Hemos pagado mucho por defender la bandera española”.

A lo que se refiere no es a otra cosa que al rechazo que los integrantes de los Regulares, musulmanes marroquíes, sufrieron por parte de sus propios compatriotas, que los consideraban colaboracionistas al servicio de la potencia colonial. Divididos entre dos mundos, muchos descendientes de los Regulares optaron por adoptar en casa las formas y maneras de la cultura española.

Nunca he estado en España antes ni he ido al colegio, pero nuestra cultura es española

Por eso, ninguno se sorprendió cuando el hijo menor, de 18 años, puso rumbo a la Península hace un año. “Está en Barcelona trabajando en un hotel muy grande que se dedica a hacer bodas, en un palace. Queremos reunirnos con él”, cuenta orgulloso el padre, que aspira a poder ofrecerle también un futuro a Omar: “Espero que pueda trabajar, es lo que queremos, poder educarlos a los dos allí”.

Para lograrlo, padre e hijo no dudaron en emigrar juntos y atender a la llamada que, presuntamente, se difundió por redes sociales para asaltar la frontera ceutí del Tarajal a finales de julio. Pero mientras ellos acarician “la esperanza” de poder “llegar a la Península”, en casa, en Tetuán, dejaron a su esposa y madre, que vive pendiente del teléfono para recibir noticias periódicas de la suerte que están corriendo los suyos.

Aunque no existe una cifra oficial y fiable sobre cuántos descendientes de los antiguos Regulares marroquíes viven hoy en Marruecos, es un hecho que durante más de cuatro décadas se reclutaron a decenas de miles de marroquíes para servir en esta unidad de élite, por lo que sus descendientes podrían contarse hoy por cientos de miles, principalmente en las regiones de Tetuán, Nador, Alhucemas, Larache y Chauen.