Laura Granja, teniente de la Guardia Civil: “La educación vial es creer que todo lo que has aprendido es por algo”

Las distintas normas que rigen la movilidad en el mundo, en Europa o en España crean discrepancias y experimentan cambios, grandes o pequeños, frecuentemente. Múltiples expertos estudian las modificaciones, opinan y sentencian reglas que se encuentran incompletas o podrían mejorar.

Sin embargo, está claro que respetar la normativa puede que no sea siempre lo más adecuado, pero en la mayoría de las situaciones es la mejor opción para la seguridad vial. Dueños de carreteras, Dirección General de Tráfico, conductores y peatones deben poner de su parte para que esto sea así. Acerca del papel que juega la educación vial en que estos dos últimos actores cumplan con la suya, ha hablado Laura Granja, teniente de la Guardia Civil, con Legalcar Abogados.

¿Cuál es la clave de la educación vial en conductores y peatones para la teniente?

La teniente Granja distingue los conceptos de formación teórica y educación vial. Para ella, la teoría la conoce “todo el mundo”, pero la convicción personal de cumplir las normas es educación vial. La educación vial implica comprender e interiorizar el propósito de cada regla y aplicarla sin importar si hay un agente vigilando o no. En sus palabras: “La educación vial es creerte que todo eso que has aprendido es por algo. Te lo tienes que creer para que tú, sin que nadie te vea, lo cumplas”.

La agente pone como ejemplos de individuos que tan solo conocen la teoría:

  • El peatón que evita usar el paso de cebra por acortar unos metros.
  • El motorista que lleva el casco colocado, pero no abrochado.
  • El conductor que suelta el móvil únicamente cuando ve una patrulla de Tráfico.

Granja explica que todo lo que aprendes en la autoescuela tiene una razón de ser y por ello debe seguir implementándose en la conducción después de sacarse el carnet. Por ejemplo, gestos como colocar las manos al volante en la posición recomendada de las “10 y 10” tienen un motivo: si los llevas cruzados frente al volante, en caso de colisión provoca que el despliegue del airbag proyecte los brazos contra el rostro y “te revienta la cara“.

Las distracciones y el peligro de las videollamadas al volante

Otro de los aspectos que aborda la jefa del Destacamento de Tráfico de San Juan de Aznalfarache durante la entrevista es el incremento de las distracciones producidas por el uso inadecuado de dispositivos tecnológicos. La conducción exige un elevado grado de atención y coordinación continua de todos los sentidos, y las distracciones merman la capacidad de reacción y aumentan el riesgo de siniestros graves.

Dentro de estas conductas imprudentes, la agente alerta de una práctica especialmente peligrosa que ha comenzado a detectarse en carretera: la realización de videollamadas mientras se conduce. “El teléfono es un cáncer en la conducción. Ya no es hablar o ‘whatsappear’ o mandar un audio, sino que es que ya estás en contacto visual con otra persona. Atención en la conducción nula y para mí eso es ya el extremo de los extremos”.