La nieve marina influye en la capacidad de los océanos para almacenar carbono y mitigar el cambio climático

La capacidad de los océanos para almacenar carbono y contribuir a la regulación del clima podría depender de una característica hasta ahora poco estudiada: la viscosidad de la nieve marina. Una investigación publicada en la revista científica Science ha descubierto que las partículas más viscosas resisten mejor la acción de las bacterias y pueden transportar más de seis veces más carbono hacia las profundidades marinas que las menos viscosas.

Aunque su nombre pueda recordar a los copos de nieve, la nieve marina es en realidad una acumulación de pequeñas partículas de materia orgánica e inorgánica que descienden lentamente desde la superficie del océano. Está formada por restos de plancton, microorganismos muertos, mucosidad y excrementos de animales marinos, entre otros materiales.

Durante su descenso, estas partículas transportan carbono hacia las profundidades, donde una parte puede permanecer almacenada durante cientos o incluso miles de años. Se trata de un proceso fundamental para la regulación del clima, conocido como bomba biológica de carbono, que contribuye a retirar este elemento de las aguas superficiales.

Según las estimaciones recogidas por la Institución de Oceanografía Scripps, cada año la nieve marina transporta más de 10.000 millones de toneladas de carbono desde la superficie del océano. Sin embargo, solo unos 2.000 millones de toneladas llegan a profundidades suficientes para permanecer almacenadas durante largos periodos.

Hasta ahora, una de las grandes incógnitas era por qué algunas partículas consiguen alcanzar esas profundidades mientras que otras se descomponen antes de llegar. La nueva investigación apunta a que la respuesta podría encontrarse, al menos en parte, en su consistencia.

Las partículas más viscosas resisten mejor a las bacterias

El estudio, dirigido por Bryce Inman, de la Institución de Oceanografía Scripps, junto con investigadores de la Universidad de Lincoln, ha demostrado que la viscosidad influye de forma directa en la facilidad con la que las bacterias pueden penetrar y descomponer la nieve marina.

Los científicos observaron que estos microorganismos colonizan con mayor facilidad las zonas menos viscosas de las partículas, mientras que las regiones más densas y pegajosas actúan como una barrera que dificulta su avance. Inman compara este proceso con el de un gusano que se introduce en una manzana: mientras que la pulpa resulta fácil de atravesar, el corazón ofrece una resistencia mucho mayor.

De esta manera, cuanto más viscosa es una partícula, más tiempo necesitan las bacterias para degradarla. Esto permite que continúe hundiéndose durante más tiempo y aumenta las posibilidades de que el carbono que contiene alcance las profundidades oceánicas.

Los experimentos de laboratorio confirmaron que las partículas más viscosas tardaban más en descomponerse y fragmentarse. A partir de estos resultados, los investigadores realizaron simulaciones informáticas que apuntan a que la nieve marina de mayor viscosidad puede transportar más de seis veces más carbono hacia las profundidades que las partículas menos viscosas.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores desarrollaron una técnica que combina microscopía confocal tridimensional con moléculas fluorescentes capaces de revelar las diferencias de viscosidad dentro de cada partícula. Este procedimiento permitió observar cómo las bacterias vivas interactúan con la estructura de la nieve marina e identificar las regiones que resultan más accesibles o resistentes a su actividad.

Según explican los autores, hasta ahora no había sido posible estudiar con este nivel de detalle la interacción entre las bacterias individuales y la estructura física de la mucosidad. El desarrollo de esta tecnología comenzó en 2021 y, tras varios años de pruebas, el equipo consiguió aplicar el método con éxito en 2025.

Los resultados podrían ayudar a mejorar los modelos científicos que calculan cuánto carbono consiguen almacenar los océanos y durante cuánto tiempo permanece fuera de las capas superficiales. La investigación demuestra que no basta con conocer el tamaño de las partículas o su velocidad de hundimiento: sus propiedades físicas también pueden determinar cuánto carbono logra alcanzar las profundidades.