Lituania, con un gobierno liderado por socialdemócratas, ha aprobado un cambio en su constitución que permitirá albergar armas nucleares de la OTAN en su territorio. El foco lituano en la defensa contrasta con España, donde ha sido la vivienda y no “un ataque a la integridad territorial de España” lo que llevará a los españoles a las urnas. Y no será porque España no afronta importantes desafíos de seguridad.
Aún así, una parte de la izquierda de este país piensa que invertir en su defensa no es necesario, ni progresista. El PSOE, distraído en su crisis de organización interna, ha perdido un tiempo precioso para avanzar en seguridad, en vez de dejarse arrastrar a falsas confrontaciones con el gasto social, porque ambos son exigibles y necesarios.
Cuando el PSOE llegó al Gobierno en 2018, después de la moción de censura, Pedro Sánchez sí se implicó en mejoras urgentes en Interior, Defensa, Seguridad Nacional, Exteriores y CNI. Hubo estrategia, competencia y prioridad presupuestaria.
Ocho años después, nuestro sistema de seguridad ha sido puesto a prueba por una pandemia mundial, graves emergencias de protección civil, guerras y conflictos. La crisis de Ceuta, aún no resuelta, demuestra que lo improbable, lo imprevisible y hasta lo imposible puede ocurrir. También, que una crisis de seguridad no anticipada, mal gestionada y peor explicada, tiene un efecto bumerán justo allí donde mejor se ha querido hacer: la política migratoria y el gasto público. Las imágenes de la entrada irregular masiva en Ceuta, miles de personas desbordando la frontera española con Marruecos, se han convertido en un potente argumento electoral contra el Gobierno, el PSOE y Pedro Sánchez.
Al igual que Lituania y otros países del norte y este de Europa, España también sufre ataques híbridos. Llegamos al final de la XV legislatura con una Estrategia de Seguridad Nacional de 2021 y una Directiva de Defensa Nacional de 2020, ambas anteriores a la invasión rusa de Ucrania; con estrategias de segundo nivel aún por completar; con la reforma de la Ley de Seguridad Nacional, que decayó en 2023, sin retomar; y sin un objetivo político de coordinación reforzada.
¿Para cuándo una Vicepresidencia de Seguridad y Defensa que coordine Interior, Exteriores, Defensa, Seguridad Nacional y los Servicios de Inteligencia? Esta Legislatura deja una lección elemental: si no gobernamos las crisis, las crisis terminan gobernándonos. A los ucranianos nadie les dio a elegir cuando los tanques rusos entraron en su territorio, pero los españoles sí podemos exigir ahora que seguridad y defensa importen en el debate electoral.

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