Vaya manera de brindar el Mundial a toda España. Vaya manera de dominar. Vaya manera de jugar. La selección española se presentaba por primera vez en su tierra con la segunda estrella en el pecho, y se estrenó en casa con un auténtico recital ante una Croacia que jugó casi todo el partido sin Luka Modric.
Tres puntos más que suma en esta Nations League que le sirven para ponerse líder en solitario de su grupo. En su regreso al Ramón Sánchez-Pizjuán, más de una década después de la última vez, la Roja se presentó con un carrusel de cambios respecto a los once que conquistaron Wembley: se quedaron en el banquillo Laporte, Rodri, Dani Olmo, Nico Williams y Ferran Torres, y en su lugar arrancaron Huijsen, Zubimendi, Fermín, Álex Baena y Mikel Oyarzabal.
Todos confirmaron que da igual a quien pongas en esta selección, porque todos son buenos. Mereció la pena haber esperado 11 años para volver a ver jugar a España en el templo sevillista. Y es que a los de Luis de la Fuente les bastó un minuto para abrir la lata y hacer bailar a su afición.
Esta vez no fue un robo de ‘pillo’ de Lamine Yamal como ante Inglaterra, aunque también fue la estrella del Barça el encargado de poner el balón en la red, sino una jugada coral de la selección: pared entre Cucurella y Baena, que, mientras Oyarzabal arrastraba defensas, buscó la banda derecha; por el centro entró Fermín, que la dejó pasar para que el ’19’ de la campeona mundial la clavase sin piedad.
Dominik Livakovic, con cara de no saber muy bien qué había pasado, recogió el balón del fondo de la red para que su selección lo intentase otra vez. En el córner, el gesto que se veía era radicalmente opuesto: Lamine, apoyado sobre el banderín, disfrutaba de la euforia de los suyos. El panorama pintaba mal –otra vez– para Croacia, que no ganaba a España desde 2018 y apuntaba a aumentar la racha.
Quedó claro cuando Baena rozó el segundo casi inmediatamente tras sacar de centro. Fue una premonición de lo que le esperaba al combinado balcánico. A merced de un equipo que domina el balón como ningún otro en el mundo, a los de Slaven Bilic solo les quedó resistir y esperar que la Roja no estuviese acertada. Pero no fue el caso. España tenía entre ceja y ceja regalar una exhibición a su público en el día que presentaba la Copa del Mundo en casa.
Y ni el empate de una Croacia que se resistía como gato panza arriba fue capaz de aguar la fiesta. Las tablas llegaron justo antes de que se cumpliese la media hora de partido, cuando Perisic colgó un balón medido al área. Buscaba la cabeza de Beljo, que voló para cabecearlo directo a las mallas. No le sirvió de nada a los Vatreni, porque España tardó solo tres minutos en volver a ponerse por delante.
El mérito fue de la conexión Fermín-Lamine que tantas alegrías le ha dado al Barça, y que sigue funcionando con la camiseta de la selección: el extremo sacó de esquina en corto para el centrocampista de El Campillo, que se la devolvió para que la colgase con música al corazón del área, donde Pubill no perdonó. La sangría pudo haber sido mayor para Croacia, pero el tercero de la campeona del mundo no subió al marcador por un fuera de juego de Oyarzabal, que había empujado el rechace de un disparo de Fermín.
Fue solo uno de los muchísimos avisos que dejó el mediapunta, con ganas de demostrar que tiene hueco después de perderse el Mundial por lesión. No marcó, pese a su insistencia, aunque sí dejó su huella. El protagonismo estaba reservado para un Lamine Yamal que pelea por llevarse el Balón de Oro y que terminó de hundir a Croacia con un doblete. Fue otro golazo: Pedri le encontró solo al espacio y el extremo culé la clavó con dureza por el palo del portero.
Partido controlado y más que decidido, así que tocaba descanso: Lamine se despidió del Pizjuán ovacionado. Era el momento para Nico Williams y Víctor Muñoz. Los dos pudieron apuntarse a la fiesta, pero fue el ’10’ del Athletic el que la cerró: desmarque a la izquierda, tiró dos bicicletas a su par y se abrió para soltar un zurdazo cruzado inapelable para Livakovic.
España vibró, más aún si era posible después de un partido perfecto en el que Modric –que salió en el 80’ y fue recibido con aplausos– también quiso dejar su impronta con un disparo sobre la bocina que Unai Simón atajó sin dificultades. Se acabó el show ahí, con goleada de la Roja en su regreso a casa y con tres puntos más para ser líder en solitario de su grupo de la Nations League.

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