A Constantino se le caen las lágrimas al pensar cómo su vida ha cambiado de un mes a otro. Antes vivía en un piso y ahora convive con otras tres personas sin hogar en un parque infantil de la plaza Luca de Tena, en el distrito de Arganzuela. Una de ellas es su pareja, que prefiere no revelar su nombre. Tiene un tobillo roto y un marcapasos, por lo que suele estar tumbada en un colchón. “No tenemos otro lugar al que ir. Comemos y nos lavamos aquí en la fuente. No hacemos daño a nadie“, asegura el hombre de origen rumano de 60 años.
La imagen de los columpios y el tobogán lleno de niños al salir del colegio choca con las personas sin hogar que tienen alguna maleta, cartones y botellas. “Desde hace unos meses hemos visto gente por esta plaza. Creo que deberían estar en otro lado porque hay muchos menores por aquí”, señala Marina, una madre de 45 años. Algunos agentes de la Policía Municipal se acercan a ellos para solicitarles que cambien de espacio. Sin embargo, pasadas las horas, continúan en el mismo lugar.
Arganzuela es el segundo distrito de la ciudad de Madrid con más personas sintecho, según los últimos datos del Ayuntamiento. Al menos, calculan que unas 100 personas se concentran por esta zona, por detrás de Centro. Eligen puntos más visibles y concurridos principalmente por sensación de seguridad. “Nunca había visto así la ciudad. Es chocante. Hay muchísima gente que no tiene recursos y que están durmiendo en portales en la calle“, lamenta Feli, una señora de 68 años que lleva a su nieto al parque de Luca de Tena.
“Tu vida es esperar, esperar y esperar”
No muy lejos, en el parque de Peñuelas, viven personas sin hogar en tres tiendas de campaña. Juan, un español de 48 años, lleva siete años en un rincón cercano al centro deportivo municipal. Para poder ir a ducharse, se va a la Casa de Baños en Embajadores. Y a la hora de comer emprende otro camino hasta un comedor social. A veces tiene que renunciar a una cita en servicios sociales porque la hora complica el circuito que hace cada día. “Es un sumidero que te consume poco a poco y una realidad que la gente no quiere ver. Tu vida es esperar, esperar y esperar”, relata.
En alguna ocasión, reconoce, ha habido “problemas” y “pagan justos por pecadores”. Tal y como explica, en este espacio hay personas jóvenes y mayores que mayoritariamente “la gente va a descansar“. Juan, que trabajó en un hotel de la ciudad, se presenta a ofertas laborales y busca pisos por la zona. “Hace años éramos una decena, ahora somos muchos, yo diría que un centenar. Debería haber más prevención. La realidad es esta”, subraya.
El recorrido continúa en el Paseo de Juan Antonio Vallejo-Nájera Botas, con personas sin techo durmiendo en un banco, en una carpa debajo de un edificio de viviendas y en unos cartones colocados en una zona de arbustos frente a la glorieta de Santa María de la Cabeza. Pilar, una vecina que vive por el Paseo de la Esperanza, indica que no cree que haya un incremento de personas sin techo, pero sí reconoce que desde hace unos años “hay jóvenes que van y vienen” al parque de Peñuelas.
Por su parte, la presidenta de la Asociación Vecinal Pasillo Verde, Susana de la Higuera, asevera que han notado un incremento más allá de los lugares habituales. Pone de ejemplo el parque de la Chimenea, que fue vallado para evitar un asentamiento. Sin embargo, este verano las personas sin techo han vuelto al mismo lugar. “El problema no se soluciona, sino que se desplaza. Entre la falta de recursos y lo imposible que puede ser encontrar una vivienda o una habitación a precio asequible…creo que irá en aumento y con el riesgo de ser criminalizado. El Consistorio se lo tiene que tomar en serio”, asegura.
El trabajo de los equipos de calle
Desde el Área de Políticas Sociales, Familia e Igualdad remarcan que la actuación en los asentamientos es “lenta y compleja”, pero que están “enfocados en erradicarlos para anteponer siempre su dignidad”. No tienen constancia de que cada vez se concentren más en parques infantiles, pero recalcan que “deben proteger el correcto uso” del espacio público. En el caso de Luca de Tena, “ya están actuando”.
Es aquí cuando entra la labor de los equipos de calle, que tienen “presencia diaria en todos los barrios”. Estos profesionales realizan la detección, intervención social y seguimiento continuo de las personas sin techo con el fin de generar un vínculo de confianza para que acepten los recursos municipales. Algunas de las primeras acciones pasan por presentarse poco a poco, ofreciendo un café para conversar.
En 2025 se incorporaron 18 nuevos profesionales a los equipos de calle, llegando hasta los 50 efectivos. Por su parte, la red municipal de atención está dotada con 1.250 plazas, distribuidas en seis centros de acogida, programas que se desarrollan en viviendas y otros dos de atención temprana del sinhogarismo para mujeres y jóvenes de 18 a 25 años. Además, el Consistorio prevé abrir a finales de 2026 un nuevo centro en la zona industrial del barrio de El Cañaveral, en Vicálvaro. El espacio estará especializado en la atención de aquellas personas que llevan menos de seis meses en la calle.
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