El Toyota Yaris lleva años siendo uno de esos modelos de referencia que cuesta sacar de las quinielas cuando alguien te pregunta por un coche para el día a día. No necesita una potencia descomunal ni una lista interminable de argumentos para convencer. Su receta sigue siendo sencilla: tamaño contenido, un sistema híbrido (con su buscada etiqueta Eco) que funciona realmente bien en ciudad, un consumo muy bajo y un nivel de equipamiento que, en algunos apartados, deja en evidencia a modelos bastante más caros.
Con 3,94 metros de longitud, el Yaris se mueve con una facilidad extrema entre calles estrechas, aparcamientos y tráfico denso. La dirección tiene un tacto agradable, el radio de giro es muy corto y la visibilidad ayuda a cogerle las medidas desde el primer momento. Es uno de esos coches que invitan a usarlo. Es cierto que no te va a transmitir mucho, pero hay un gran número de personas que solo quiere un vehículo que le lleve del punto A al punto B, sin gastar mucho y que, además, no se rompa. Pues ahí está el Yaris. Para todos los demás ‘quemados’, Toyota nos ofrece el GR Yaris; aunque eso es harina de otro costal…
La versión 120H, que es la que hemos probado, combina un motor de gasolina 1.5 de tres cilindros y 92 CV con un propulsor eléctrico de 80 CV para entregar una potencia conjunta de 116 CV. No pretende ser un coche rápido, aunque tampoco lo necesita. Los 9,7 segundos que tarda en acelerar de 0 a 100 km/h son suficientes para desenvolverse con soltura tanto en ciudad como en carretera, siempre que no se le pidan prestaciones deportivas.
Donde realmente marca diferencias es en el consumo. Toyota homologa 4,3 l/100 km y, lo mejor, es que no se trata de una cifra inalcanzable, de hecho es todo lo contrario. Durante la prueba nos resultó relativamente sencillo movernos en esos números, incluso bajándolo bastantes veces hasta los 3,8-3,9 l/100 km. Sin hacer una conducción especialmente cuidadosa, lo normal es rondar los 4,5 l/100 km, pero si eres un poco delicado, verás cifras inferiores a los 4 litros. Doy fé.
Además, el Yaris está muy bien equipado. Control de crucero adaptativo, asistente de mantenimiento de carril, cámara trasera (esta sí que es verdad que igual va siendo hora de actualizarla con algo más de calidad), faros LED, pantalla multimedia de 9 pulgadas compatible de forma inalámbrica con Apple CarPlay y Android Auto, acceso y arranque sin llave o cargador inalámbrico para el móvil forman parte del equipamiento de serie. Cuesta encontrar rivales que, por 21.700 euros (23.000 para el acabado Trendy, que yo creo que es el más equilibrado) con descuentos, ofrezcan tanto sin obligar a pasar por la lista de opciones.
También transmite una sensación de coche bien construido. Evidentemente hablamos de un utilitario y los materiales son los esperables en este segmento, pero todo encaja con solidez y da la impresión de que soportará bien el paso de los años. En eso Toyota sigue teniendo una reputación difícil de discutir, la verdad.
Cosas a mejorar
Ahora bien, no todo es perfecto. A la mencionada cámara de marcha atrás algo anticuada, sumamos el cambio automático de tipo CVT continúa siendo el aspecto más discutible del conjunto. En un uso tranquilo funciona con mucha suavidad y contribuye tanto al confort como a la eficiencia, pero basta con exigir una aceleración algo más intensa para que el motor se mantenga durante varios segundos a un régimen elevado. El resultado es un ruido bastante presente en el habitáculo, más de lo deseable. Es cierto que esta transmisión también es una de las claves de la enorme fiabilidad de los híbridos de Toyota y probablemente la marca no quiera renunciar a ella por ese motivo, aunque en un Yaris se percibe más que en modelos superiores, como un RAV4, donde la insonorización está mucho más trabajada.
Hay otro detalle que termina cansando con el uso. Desactivar algunos asistentes de conducción sigue siendo un proceso demasiado enrevesado. Hay que navegar por distintos menús del cuadro digital porque no están agrupados, mantener pulsado el botón ‘OK’ durante unos segundos y repetir la operación cada vez que se arranca el coche. Otros fabricantes, como Renault, lo han resuelto con un acceso directo o un botón configurable que permite desconectar de una vez los sistemas elegidos. Es una solución mucho más lógica y, sinceramente, Toyota debería tomar nota, y más porque todos estos ADAS, en su mayoría, ni siquiera les gustan a ellos mismos, son imposiciones de Europa y sus dichosas normativas.
Con todo, cuesta encontrar un coche que haga tantas cosas bien por este precio. Consume muy poco (de forma real), tiene etiqueta Eco, incorpora mucha tecnología de serie, resulta cómodo y está respaldado por una mecánica cuya fiabilidad lleva años demostrando de lo que es capaz. No será el utilitario más emocionante del mercado, pero para quien busque un compañero de batalla para todos los días, sigue siendo una de las compras más inteligentes que se pueden hacer.

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