El enroque de Ens Uneix en la Diputación de Valencia no puede interpretarse solo como una vendetta de Jorge Rodríguez por el desamparo que sufrió por el caso Alquería. Tampoco porque Ximo Puig no se disculpase tras su absolución. O porque las obras del hospital de Ontinyent no avanzan. Hay algo más. El alcalde de la capital de la Vall d’Albaida sabe que ceder a Carlos Fernández Bielsa la presidencia de la Diputación es despejarle el camino hacia el liderazgo de los socialistas valencianos. Y lo sabe porque él mismo sonó como sucesor de Ximo Puig cuando presidía la diputación en aquellos tiempos en los que se decía que Mónica Oltra iba a hacerse tarde o temprano con la presidencia de la Generalitat.
Ximo Puig es también conocedor de la importancia que tiene la Diputación de Valencia cuando los socialistas han perdido tanto poder territorial. Principalmente cuando el candidato no te gusta y osa desafiar la dirección autonómica en la configuración de las listas provinciales para las próximas elecciones generales. De ahí su decisión de hacer imposible cualquier conciliación colocando a Rebeca Torró como síndica de los socialistas en Les Corts. Nada menos que a “la traidora”, como era denominada en privado en las filas del partido de Jorge Rodríguez; la política que sostuvo una dura pugna con el alcalde de Ontinyent en sus años más aciagos.
No sé si al PP o incluso a los socios del Botánico les dará por apoyar a Natalia Enguix, de Ens Uneix, como presidenta de la Diputación. Lo cierto es que a río revuelto…
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