Solo 24 horas han sido suficientes para hacer tambalear el Gobierno de Vladimir Putin en Rusia. El motín llevado a cabo por los mercenarios del Grupo Wagner, comandados por su jefe, Yevgeny Prigozhin, ha dejado al descubierto ante el mundo la imagen de fragilidad del presidente ruso, incapaz de hacer uso de su poder para repeler la traición de un incómodo aliado que necesita incondicionalmente para su guerra en Ucrania.
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