El giro de guion en Barcelona ha evidenciado lo arriesgado que es hacer vaticinios en política. La fiesta que preparaban los compañeros, amigos y familiares de Xavier Trias se convirtió, solo una hora antes del pleno municipal, en un funeral. “Que os zurzan a todos” (“Que us bombin a tots”, en catalán), estalló el exalcalde de CiU, desmintiéndose a sí mismo cuando segundos antes afirmaba que una de las lecciones que iban a llevarse sus nietos, presentes en el Saló de Cent barcelonés, era la elegancia de saber perder de su abuelo. La indignación personal de Trias era comprensible, pero no en cambio las palabras del president Pere Aragonès que, en la recepción oficial al nuevo consistorio, denunció “un acuerdo de Estado realizado desde Madrid” y reclamó que “Cataluña debe ser decidida desde Cataluña, y Barcelona decidida desde Barcelona”.
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